
Hay veces que, en el futbol, a la diosa de la justicia le da por acertar, aunque sea por casualidad.
Ayer, la dama de la balanza y los ojos vendados atinó a urdir una especie de conjuro vespertino, entre el merecimiento y la suerte.
¿Merecimiento? Sí, porque San Carlos derrotó 2 a 0 y con méritos a un Deportivo Saprissa que pagó muy cara su avaricia en el cálculo y los excesos de su confianza.
¿Casualidad? También, porque la intención de un centro al segundo palo de Álvaro Sánchez aterrizó finalmente en los cordeles de un guardameta petrificado.
La elipsis se convirtió en dardo. Y el balón al segundo poste puso el 2 a 0; es decir, el margen necesario para superar a los morados en la cifra global (3 a 2) y dictar sentencia.
El conejo que extrajo Álvaro Sánchez del sombrero, otorgó a los
Nadie lo podía creer. Ni siquiera los norteños que, antes de la segunda anotación, sacaban una faena digna pero infructuosa porque requerían más de un gol de ventaja.
Tras el 2 a 0, al estilo del legendario

Tras un avance hilvanado, Álvaro Sánchez realizó un centro que recibió Kenny Cunningham sobre el sector izquierdo. Soltó un trallazo y venció a Víctor Bolívar. 0 a 1, al 3’.
Además de la anotación tempranera, las mejores acciones del primer capítulo las rubricó San Carlos, merced al sentido del toma y dame que aplicaron Manfred Russell y Álvaro Sánchez, bien arropados por la vocación férrea de Félix Montoya y de Carlos Acosta, ambos en función de escuderos.
Entre tanto, las intenciones del Saprissa de avanzar y de lograr el empate morían, invariablemente, al chocar con el cerrojo escalonado y hermético de los visitantes.
Con el acicate de la anotación tempranera, los hombres de Daniel Casas siguieron fieles al dictado de un libreto que ordenaba protegerse atrás e intentar sorprender por la vía expedita del contragolpe.
Para ello, contaban con los pases medidos de Sánchez y Russell, en pos de la picardía y velocidad de Kenny Cunnhigham, o bien en procura de habilitar el taconear inquietante de Erick Scott en las cercanías de la meta adversaria.
Sin embargo, cuando se esperaba que los norteños aumentaran sus acciones ofensivas, fue Saprissa el que tomó las riendas al inicio de la fase complementaria.
El juego transcurría en forma extraña. Por un lado, daba la sensación de que San Carlos se conformaba con ganar por la mínima, insuficiente para ser finalista.
Por el otro, la estrategia de Juan Manuel Álvarez no parecía insuflar en los morados ni el fuego ni la claridad mental que les urgía para pulverizar los candados norteños.
Hasta que, con el globito de Álvaro Sánchez, a la dama de la justicia... le dio por acertar.
