El libro, prologado con conocimiento, donaire y pasión por el periodista y diplomático José María Penabad, se llama “Saprissa siempre grande”, que debería formar parte de la galería personal de saprissistas y de no saprissistas.
De los primeros, como acto de coherencia y devoción a su equipo, y de los segundos, como magnánimo tributo de respeto y solidaridad. Este libro nos habla del nacimiento, desarrollo, agonía y resurrección (en aras de la globalización) del Deportivo Saprissa.
Esta memoria, sin embargo, desborda el recuento y la interpretación histórica. Alrededor de los acontecimientos, se entrelazan variados registros literarios, momentos épicos, biografías, dramas y anécdotas, donde campean el amor, la pasión, el humor y hasta asomos de traición.
Sobresale, sin embargo, de principio a fin, en el tapiz de la historia, el hilo de oro con que don Ricardo Saprissa concibió a su hijo bienamado: los cinco valores éticos del dirigente ideal (lealtad, honestidad, sano juicio, solidaridad, y servicio, no beneficio), cuyo lábaro encargó al trinomio de Jorge Guillén, Enrique Weisleder y Guido Miranda.
A los egregios nombres citados se suman otros portaestandartes y labradores del Deportivo Saprissa, unos en escena y muchos otros entre bastidores. Deportivo Saprissa: primero, sueño y visión; luego, entrega y sacrificio, nutrientes de un gran equipo coronado por una institución. Este libro nos cuenta la edad de oro y todo lo que vino después. Su lectura enseña y emociona, pero, a la vez, nos deja un sedimento de regusto y de nostalgia, y de aprehensión.
¿Será el Deportivo Saprissa fiel al código ético de su fundador y de más cercanos apóstoles? Si así fuere, será “siempre” grande. Hay que leer, por ello, este libro en estos tiempos tan extraños. No se ama lo que no se conoce.