Juan José Herrera Ch.. 21 julio, 2012

Walter Centeno se despidió anoche de las canchas con un regalo para la afición: un derechazo imposible que le hizo recordar al saprissismo lo que perderá sin él.

Fue un trallazo de rabia, de orgullo, un último presente del gran ídolo morado que ayer dijo adiós al futbol en medio de una fiesta con sus amigos y su afición.

Su partido de despedida fue todo lo que prometió que sería: un agazajo a su nombre pero también al espectador, testigo de una vuelta al pasado junto a figuras que hace mucho no se veían en las canchas de futbol nacional.

Paté inició el encuentro junto a la Selección, aquella que lo acompañó durante tantos procesos y con la que vivió alegrías y tristezas.

Volver a ver a Wilmer López y a Centeno juntos bien valió aguantar el frío en Tibás, lo mismo que tener a Paulo César Wanchope o la Bala Gómez haciendo trío con Rolando Fonseca en el ataque.

Añorados. La gran mayoría se sacudió el herrumbre del retiro para estar junto al 10 de la Tricolor, algunos lo hicieron mejor que otros, pero todos, sin excepción, cumplieron con el propósito de la noche.

Por más espectáculo que pudiera ser, el partido no fue para nada el clásico show de despedida. A Paté nadie le regaló nada, ni siquiera el acostumbrado gol de recuerdo.

Tal vez él lo quiso así porque prefería buscarlo, de cualquier forma lo obtuvo. Al minuto 17 el Pato López le puso un balón frente al área y la derecha de Centeno hizo lo suyo, mandó un proyectil imposible para Víctor Bolívar, un tanto de júbilo y nostalgia.

La afición enloqueció viendo al homenajeado despedirse así, recordándoles por qué pese a cualquier polémica siempre tuvo y tendrá un lugar especial en la Cueva.

El tanto, producto de una sociedad que hace tiempo se acabó con el retiro de López, caló también en los recuerdos de esa distante y exitosa Tricolor.

Luego, en el entretiempo, llegó el turno de volver a vestir la camiseta morada, y el 8 saltó a la cancha para vivir sus últimos 45 minutos de futbol, en medio del aplauso de un estadio que no estuvo lejos del lleno total.

Tanto Saprissa como la Selección cambiaron de nóminas y otra vez llegó el flashback con hombres como Try Bennett o el Cocha Alfaro, dos morados que hace rato colgaron los tacos.

Saprissa descontó con Daniel Colindres en una jugada que se tejió entre Centeno y Castillo, y así, el partido del Paté acabó con un gol por bando, sus bandos...

A falta de cinco minutos llegó la pausa para el aplauso, Centeno ahora sí se iba de las canchas, pero su cambio nunca se concretó.

Una marea de aficionados se coló por cualquier espacio que pudo y la gramilla del Ricardo Saprissa se llenó de camisetas moradas y flashes de celular.

Fue así como, rodeado de gente, el talento del histórico número 8 morado dijo hasta siempre, sin polémica ni poses, ayer el que dijo adiós fue Paté.