Y claro, como el deporte une, al villano por excelencia de la Semana Santa lo acompañan siempre en la cancha Poncio Pilatos, Barrabás, Pedro, Caifás y los muchos 'mesías' que forman parte de la pasión por el fútbol.
Todos esos personajes juegan con el célebre traidor siempre y cuando este no administre las taquillas ni los ingresos por concepto de fichajes, patrocinios, derechos de transmisión o alquiler del estadio para conciertos y otros eventos.
¿Y quién o quiénes son Judas en el mundo del balompié? Muy fácil: todos aquellos que se ponen la soga al cuello y terminan ahorcados por sus declaraciones precipitadas, decisiones irracionales, reacciones impulsivas, acusaciones infundadas, aires de pavo real y eternos lamentos. Tarde o temprano, se traicionan a sí mismos.
Igual de sencillo es identificar a los Poncio Pilatos. Son, ni más ni menos, los típicos lava manos, quienes nunca asumen su responsabilidades, los que se quitan el tiro, aquellos que lanzan la piedra y esconden la mano, buscadores expertos de chivos expiatorios.
No asumen ni honran sus deberes, obligaciones, compromisos, tareas, competencias, atribuciones y promesas. No me diga que no tiene algunos nombres en mente...
En cuanto a Barrabás, este hombre es personificado por aquellos personajes que siempre caen bien parados aunque no tengan vela en el entierro. Por ejemplo, algunos dirigentes y asistentes técnicos que se la pasan viajando, en especial con la Selección Nacional, a pesar de que nadie tiene claro en qué consisten sus aportes (supongo que de sus labores hay amplia evidencia en un sinnúmero de reportes e informes).
Pedro es encarnado por los especialistas en negar. ¿Van a destituir al director técnico? “No. Está firme en su puesto”. ¿Es cierto que tiene ofertas del extranjero? “No sé nada al respecto”. ¿Está dividido el camerino? “No. Está más unido que nunca”.
¿Y Caifás? Los que se deleitan acusando, señalando, juzgando, delatando, denunciando, imputando, inculpando y condenando.
Los ‘mesías’ son los que más abundan. Los equipos los presentan como sus salvadores con bombos y platillos, pero los crucifican en menos de lo que canta un gallo en cuanto descubren que esos entrenadores, gerentes deportivos o jugadores no son capaces de hacerles el milagrito de campeonizar.
Tiene razón el sociólogo español Enrique Carretero al llamar al fútbol “la religión esférica”.
