Por: Antonio Alfaro.   26 agosto, 2017

Había urgencia. Le pusieron un saco que evidentemente no era de su talla. Al Pato López, claro está, le importa poco lucir como de revista. Siempre sencillo, si por él fuera saldría ante las cámaras en una camisa estilo polo con el escudo manudo en el pecho. La Liga, aunque fuera a la carrera, quiso darle distinción, ya no como asistente, ni como el interino que hace un año apagó el incendio, sino como el nuevo técnico de Liga Deportiva Alajuelense (así, con nombres y apellidos).

Imagen sin titulo - GN
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Ya habrá tiempo para el traje que se merece (y no hablo de vestimenta). Empecemos con las medidas: recibe un equipo con siete torneos sin ser campeón, eliminado de la fase final del último campeonato, también en la primera ronda de la Liga de Concacaf, actualmente con solo una victoria en los últimos seis juegos.

Recibe un equipo cuyos fichajes son una apuesta a mediano plazo, casi de azar, sin un solo jugador consolidado.

Marquemos la tela: La Liga le está dando una gran oportunidad al Pato López, pero también viceversa. Con su llegada al banquillo, los aficionados cambiaron la desazón por la esperanza y el ¡Fuera Benito! por el ¡vamos al clásico! Acompañado de Jozef Miso y el Chunche Montero la inyección al sentimiento manudo era casi intravenoso (me cuesta encontrar otros exjugadores más queridos por el liguismo en las últimas tres décadas). Oportuna decisión.

Metamos tijera: Alajuelense no le habría dado a su ídolo un equipo bien armado y favorito al título, pero al menos la crisis propició un rencuentro con la afición.

Por si fuera poco, de entrada Alajuelense se ganó unos 25 millones que no habría recibido bajo el mando de Benito Floro, suponiendo un clásico a medio llenar. Si sumamos el ahorro en salarios, el cambio resultó brillante, por más que el dinero no fuera la causa sino los resultados.

Ahora bien, ¿por qué esperar mejores resultados del mismo equipo que con Benito Floro es sétimo de la tabla? La motivación de aficionados, jugadores y directivos -aunque de efecto pasajero- es de entrada un arma poderosa. Dicen, además, que el trío trabaja con mayor intensidad y detalle. De paso, no los imagino desaprovechando a José Luis Cordero. Tampoco veo a López marginando a los jóvenes después de haber proyectado en Alajuela Juniors a muchachos que hoy levantan la mano: en Grecia, Kevin Ruiz, Byron Jiménez y Alberth Villalobos. En Herediano, Rooney Mora, José Guillermo Ortiz y Juan Pablo Vargas. En la Liga, Luis Sequeira, Jeancarlo Agüero, Bryan Jiménez, Harry Rojas, Darío Alfaro, Adonis Pineda y Kenneth Cerdas. Fuera del país, Rónald Matarrita.

Quizás esos detalles deparen una mejor Liga, sobre todo si el Pato dirige este torneo, le permiten reforzarse y arranca el siguiente, como le concedieron Benito Floro; no menos. Ese es el traje que se merece.