Esteban Valverde. 11 diciembre, 2016
Ilustración: Juan Carlos Alpízar
Ilustración: Juan Carlos Alpízar

El atletismo se convirtió en la válvula de escape para dejar atrás la nostalgia por retirarse del fútbol.

Lo tomaba con entusiasmo, le agarró el gusto y, como siempre, en su mente nunca pasó darse por vencido.

Aunque ya no hacía deporte de forma competitiva, sino recreativa, la personalidad de Gabriel Badilla le impedía vivir sin entregarse al máximo, sin dar la milla extra, sin luchar.

El 20 de noviembre, Gabriel realizaba su segunda carrera pedestre, dos meses después de la primera. Ese domingo del mes 11, su día comenzó a las 5 a. m. Como si se tratara del clásico que estaba programado para la tarde, el exzaguero analizó el escenario al que se enfrentaría: “Hay que tener cuidado con el sol”, le externó a un amigo.

Con el don de líder desarrollado durante 15 años en camerinos, compartió sus tips de deportista con quien lo acompañaba y conversó sobre proyectos personales. En el trayecto no daba pistas de lo que le sucedería faltando 200 metros para llegar a la meta de la Lindora Run; Badilla avanzaba con rostro enrojecido, buen ritmo y paso firme; en cada puesto de hidratación tomaba su bolsita de agua.

Contrario a lo que hacía en las mejengas internas del área administrativa de Saprissa, en las que motivaba a sus compañeros con un “¡Vamos muchachos, hoy no perdemos”!, en el atletismo era más callado; no obstante, siempre devolvió el saludo cuando escuchó de parte de otros atletas: “Vamos Gladiador”, “Dale Gabriel”.

La personalidad de  Badilla le impedía vivir cada minuto  sin dar la milla extra, sin luchar.

Pulgar levantado y una sonrisa eran las respuestas al cariño de la gente, los que nunca desoyó o ignoró, pese al cansancio por la actividad física. Así como cuando, en el Mundial de Clubes 2005, le exigía al árbitro que obligara a los jugadores del Liverpool a no perder tiempo, ya que quería empatar el duelo que iba perdiendo 3 a 0.

Sus últimos metros tienen imágenes borrosas; aún así, en ellos se ve reflejado el coraje y pundonor que le valió el sobrenombre de Gladiador.

El cuerpo parecía detenerse; sin embargo, su alma se lo impedía. Las emociones lo conservaron como un incansable luchador hasta el último minuto, con ese carácter que alguna vez lo hizo sobreponerse de un error, anotando luego dos goles para darle a Saprissa su título 25.

Gabriel Badilla tenía su estilo de juego, el mismo que aplicó a la hora de vivir dándolo todo, con coraje, en lucha constante, sin dejar gota de sudor gastada en vano.