Con un marcador de escándalo, México deja en la calle a una inoperante Selección costarricense que ve diluirse a toda velocidad el sueño de ir al Mundial.
Luego de pasar otra vergüenza –esta vez en casa–, Costa Rica amanece hoy en el cuarto lugar de la hexagonal final, víctima de sus terribles carencias, de su futbolito inocentón y predecible, que los aztecas superaron desde el inicio. ¿A qué juega esta pobre Selección?
El balance de los dos últimos partidos –cero goles a favor y siete en contra– desnuda a una Tricolor que se vino a pique y se quedó sin argumentos para competir contra los más fuertes de la Concacaf.
Desde el primer minuto, México recetó una lección de pressing . Ahí empezaron a ganar: en el camerino, desde hace días, en el momento que Javier Aguirre mandó a sus jugadores a incomodar al equipo tico, que se achica cuando percibe cerca el hierro del oponente.
Presionar no es correr detrás de la bola al estilo de mejenga de cafetal. Es, como lo demostraron los aztecas, ocupar la cancha en las zonas de tensión, forzar al rival al error y poner el canasto para recoger los balones perdidos por el oponente.
Para contrarrestar el agobio la Sele recurrió al pelotazo, porque la media cancha jamás apareció. Era imposible ganar así, con una línea medular atrofiada y sin ideas.
Álvaro Saborío tuvo que ir al choque, y aunque no se arruga a la hora de meter el hombro, terminó maniatado por la estricta defensa central de los visitantes.
Bryan Ruiz de nuevo se quedó corto, pese a su evidente afán. La pelota, que en Europa obedece sus órdenes, en Costa Rica se vuelve escurridiza, poco amigable.
Carlos Hernández tampoco entró en sintonía y nunca pudo sacar uno de sus reputados misiles. Con dos motores menos, levantar vuelo fue imposible. Armando Alonso hizo lo que pudo, y Saborío se batió a duelo. Pero no había caso: México clausuró todos los accesos a su área, con orden táctico y maña de sobra para perder tiempo o sacar de quicio al adversario.
Si ya el empate ya era bueno para los norteamericanos, el 1-0 de Giovani dos Santos resultó un cofre de oro. El gol fue un homenaje al concepto táctico de amplitud de cancha: si el carril derecho está congestionado, ¡pues hay que habilitar el izquierdo! Así lo consiguió Cuauhtémoc Blanco, aunque la floja marca por esa banda también propició la anotación.
Velocidad. En el segundo tiempo Costa Rica dejó espacios en defensa, impulsada por la errónea esperanza del empate. Era una ilusión que no tenía ningún sustento en la realidad, por la enorme diferencia entre los dos equipos.
México se divirtió explotando ese nuevo territorio sin conquistar. Dos Santos y el relevo Andrés Guardado metieron piernas y les pintaron la cara a los zagueros ticos cada vez que les vino en gana.
En la otra parcela, la Tricolor chocaba con pared en un ejercicio repetido y frustrante, lejísimos de la posibilidad de descontar. Era como poner a un niño de kinder a resolver el crucigrama del domingo: a uno le puede dar la impresión de que se está esforzando, pero sabe que jamás completará la tarea.
En tanto, los aztecas montaron un par de contragolpes y le dieron al juego tinte de paliza. Las dos anotaciones fueron un calco: la defensa tica perdida mientras los visitantes se daban un banquete.
El sueño mundialista de Costa Rica se aleja. Ya es hora de activar las alarmas, porque la Selección de caricatura que vimos anoche no va para ninguna parte.