El encabezado no es mío. Pertenece al argentino Hernán Casciari (1971), quien tituló así un cuento y un libro con 18 relatos breves publicado en mayo del año pasado, por la Editorial Orsai, de España.
De acuerdo con esa historia, a Lionel Messi le sucede lo mismo que a Totín, un perro que el escritor tuvo durante su infancia. Aquella mascota se trastornaba, enloquecía, entraba en trance cada vez que le mostraban la esponja que utilizaban en casa para lavar los platos.
“Quería esa esponja más que nada en el mundo, moría por llevarse ese rectángulo amarillo a la cucha (el lecho donde dormía). Yo se la mostraba en mi mano derecha y él la enfocaba. Yo la movía de un lado a otro y él nunca dejaba de mirarla. No podía dejar de mirarla”, cuenta Casciari.
¿Y qué tiene esto que ver con el crack del Barcelona? De acuerdo con el autor del cuento, lo que a Totín le pasaba con la esponja le sucede con el balón al mejor futbolista del mundo (aclaro que el autor de esta columna es fiel seguidor del Real Madrid); cuando ese jugador salta a la cancha, solo tiene ojos para la redonda, el resto de la Tierra desaparece, solo interesa el pequeño globo terráqueo que rota sobre la gramilla. Sí, quiere apoderarse de la redonda y depositarla en la cucha de postes y red del portero rival. Hombre o animal... los ojos de ambos atentos, enfocados, con la mira fija en un solo objetivo. Ambos absortos, ensimismados, embelesados, fuera de sí.
Lo dice el relato: “Messi es un perro. O un hombre perro”... “Messi es el primer perro que juega al fútbol”... “Los perros no fingen zancadillas”... “no se quejan con el árbitro”... “no buscan que le saquen doble amarilla al sodero” (persona que vende y reparte la gaseosa llamada soda), (...) “Los perros no escuchan la radio, no leen la prensa deportiva” (...), “Los perros quieren llevarse siempre la esponja”.
Tengo la esperanza de que Messi supere los tragos amargos y honre siempre la ocurrente condición canina que le confiere su paisano, porque estos buenos amigos del hombre están siempre dispuestos a jugar, entretener, sorprender, fascinar y alegrar. Sí, ya sé que cuando vino a Costa Rica no movió ni la cola, pero no podemos negar que semana a semana nos regala momentos mágicos cada vez que lleva la esponja pegada a sus tacos.
