
Cuando tenía 20 años, Pablo Nassar quedó frente a una de esas intersecciones que pone la vida: tenía la oportunidad de irse a estudiar y jugar a Estados Unidos o podía debutar en Primera División con Alajuelense , su equipo de toda la vida.
Esta segunda opción, vestir la camisa rojinegra en un partido de la máxima categoría, era un sueño desde que tenía cinco años, cuando llegó a entrenarse por primera vez al Alejandro Morera Soto.
Había hecho la pretemporada con el primer equipo y ya lo habían probado en el Torneo Grandes de Centroamérica. Pero Nassar eligió un camino que otros hubieran desechado: decidió aprovechar la beca en Life University (Atlanta) para estudiar Administración de Empresas. “Fue difícil escoger, porque mi sueño siempre había sido jugar en Primera. Pero mi familia siempre me inculcó el amor al estudio”, relató ayer el exdefensor.
Nassar obtuvo su título –se graduó con honores– y regresó años después para vestir, ahora sí, la camiseta del León.
Este mundialista juvenil de Malasia 97 jugó con la Liga y Pérez Zeledón. Sin embargo, las lesiones en la rodilla derecha fueron su cruz y tuvo que retirarse en el 2009, cuando tenía 32 años. Entonces recibió los frutos de la acertada decisión que tomó más de una década atrás.
Si no hubiera optado por el estudio, se habría quedado sin el futbol y sin una carrera. Gracias a su título, se quedó trabajando como coordinador de las ligas menores en el equipo Alajuelense.
Actualmente cursa una maestría ejecutiva en el Incae de Nicaragua. Tiene que viajar una semana al mes, durante 17 meses. “Es muy intensivo y riguroso, todos los días es de 7 a. m. a 11 p. m., pero siempre me ha gustado estudiar”. Nassar lo demuestra: la bola y los libros no son excluyentes.