
La unión del grupo, soporte del equipo el año anterior, empezó a mostrar las primeras fisuras en la Liga, lo cual encendió la alarma en el cuerpo técnico.
Valdeir Badú Vieira, entrenador manudo, acepta claramente su responsabilidad, al subvalorar el convivio social, en el que tanto trabajó durante el torneo pasado.
Aunque el estratega ha demostrado durante su estadía en el país una gran facilidad para dominar los aspectos psicológicos del once rojinegro y, a la vez, carisma para fortalecer la coherencia interna de la escuadra, el manejador estima que deberá volver nuevamente sus ojos hacia la convivencia del plantel.
--Desde que llegó a la Liga, el equipo se caracterizó por mantenerse armónico, pero parece que la unión empieza a resquebrajarse luego de las situaciones presentadas con Alexis Rojas, Oscar Valverde y del propio Ricardo Chacón.
--Espero que lo de Alexis y Oscar sea una triste coincidencia. Lo de Chacón (Ricardo) también. Por las dudas volveré a preocuparme más por el aspecto anímico de los jugadores. Incentivaré las actividades sociales como lo hice el año pasado. El futbolista debe sentirse más protegido. Confieso que he descuidado el campo social. Lo ocurrido en los últimos días me abre los ojos.
--¿Ejercerá, a partir de ahora, un mayor control sobre el conjunto?
--No; al contrario, nada cambia. El equipo tiene un nivel cultural que permite ejercer un liderazgo sin ser autoritario; jamás lo seré. Los muchachos tienen opción de participar de mis decisiones.
--¿Cómo está su credibilidad dentro del grupo? ¿Ha disminuido?
--Mi credibilidad no la veo afectada. Existe una profunda confianza entre los jugadores y yo. Los planteamientos, los sistemas, no los impongo, sino que los discutimos varios días antes de cada partido. No veo razón para magnificar los reclamos. El año pasado hubo otros futbolistas insatisfechos porque no jugaban. Alexis lo que tuvo fue descarrilamiento de su conducta normal.
--Pero enfatizó en que Alexis debía ofrecer disculpas; de lo contrario, lo mejor era que no volviera al equipo.
--El caso necesitaba una decisión drástica. Ahí ya no era cuestión de diálogo; tenía que mantener la autoridad.
--¿Incide en el comportamiento de sus pupilos la situación de la escuadra --segunda en la tabla clasificatoria--?
--Es probable que eso influya en el ánimo de los futbolistas. Uno se exalta cada vez que no le salen las cosas como desea. Los aficionados y los jugadores pueden hacerlo, pero el entrenador no; es el llamado a impartir justicia o, por lo menos, orientación.
--¿Cómo juzga su labor al frente del equipo?
--Estoy convencido de que realizo el trabajo dentro de los límites de mi competencia. En el futbol, los resultados encubren, a veces, varias patologías, las cuales en otras circunstancias saldrían a relucir. Los brotes de rebeldía se presentan en distintas áreas, no solo en el balompié. Ahora, el equipo después de lo de Alexis está más unido.
--¿Qué le falta a la Liga en su rendimiento?
--La Liga lo que necesita son goles, nada más. Yo le pregunto, ¿cuál equipo juega mejor que ella? No es el líder; ni tampoco los conjuntos que vienen detrás. Admito sí, que debemos mejorar el futbol; podemos dar más.
--¿Hay presiones sobre el equipo?
--Existen presiones por alcanzar el liderato. Ellas me afectan y me incomodan porque carecen de lógica; el Campeonato apenas comienza. Hay tiempo suficiente para alcanzar las metas que tenemos. Todavía contamos con la posibilidad de obtener el primer lugar de la primera vuelta si le ganamos a Cartaginés.
--Si el equipo no anda mal, ¿a qué obedecen las presiones?
--Ellas surgen de la mentalidad fanática que impera. Los jugadores pasan a ser víctimas del ambiente.
--Al respecto, ¿cuál es la postura de la junta directiva?
--Los directivos también son víctimas del ambiente que rodea al equipo. Hay un deseo mío y de los muchachos de ganar el Campeonato; incluso, ese es un compromiso que adquirí, pero el lograr el liderato en la primera vuelta no es una garantía de que se obtendrá el cetro.