Esteban Valverde. 11 octubre, 2019
Así lucieron las graderías en la semifinal del torneo que se disputó en el primer semestre del 2019, en este juego se enfrentaron Saprissa y Codea. Fotografía: John Durán
Así lucieron las graderías en la semifinal del torneo que se disputó en el primer semestre del 2019, en este juego se enfrentaron Saprissa y Codea. Fotografía: John Durán

Los 6.800 aficionados que colmaron el Morera Soto en los juegos de la Selección Femenina ante Nicaragua y El Salvador crean la ilusión de que el balompié femenino está en veloz crecimiento, sin embargo, La Nación hizo un sondeo, con futbolistas de los ocho equipos que participan en la Liga Femenina de Fútbol, que revela la cruda realidad.

Algunos equipos siguen entrenando en las madrugadas cuando el resto del país descansa, ninguno paga salario, solamente viáticos, y los montos más elevados que puede recibir una jugadora ronda los ¢100.000 al mes.

El fútbol femenino continúa, en territorio nacional, como una disciplina totalmente amateur. Sus jugadoras tienen diariamente una serie de obstáculos para realizar el deporte que tanto aman. En muchos casos se cansan, desisten y prefieren apostar por el profesionalismo en otras ramas lejos de la pelota.

En el recuento de datos participaron una jugadora de cada uno de los planteles que están en la máxima división: Saprissa, Codea Alajuelense, Pococí, Moravia-Herediano, Coronado, Escazú, Liberia y Universitarias. Ellas repondieron en el anonimato un cuestionario que prentendía determinar la condición laboral de las deportistas.

Así, por ejemplo, se consultó el rango salarial, si poseen seguro social y el horario de los entrenamientos, entre otras variables.

Sin duda, uno de los temas que más controversia crea es el pago por jugar. Primero, según las consultadas, ningún equipo de la Primera División paga salario como tal; lo que facilitan son viáticos, determinanados según los traslados y gastos que debe hacer cada jugadora para llegar a las prácticas y los partidos.

"No se puede llamar a eso salario, jamás. Digamos que a la mayoría se le pueden dar unos ¢50.000 de viáticos, pero hay otras que solo reciben ¢12.000, así como algunas pocas ¢100.000", reveló una de las consultadas.

Al no tener un salario fijo, ni un contrato profesional firmado, no hay un respaldo de una relación laboral entre las instituciones, por lo que los equipos no están obligados a tener a sus futbolistas aseguradas ante la Caja Costarricense del Seguro Social. De esta forma, en muchos casos son las mismas jugadoras las que se financian su seguro.

“Como se trata de torneos aficionados y que no requieren un vínculo laboral o no exigen un vínculo laboral entre la jugadora y el equipo de fútbol es donde uno entiende que al no haber relación laboral y ser algo voluntario pues no se pueden aplicar las obligaciones a los patronos, como la Seguridad Social. Queda en manos de los organizadores del torneo exigir algún tipo de cobertura para las que participan”, explicó el especialista en derecho laboral Marco Durante.

Algunas escuadras como Saprissa, Moravia, Coronado y Escazú sí cuentan con planes de seguros, sobre todo pólizas que cubren al equipo como un colectivo. Por ejemplo, las tibaseñas hace poco firmaron un convenio de patrocinio con la aseguradora Sagicor, la cual les ha dado mayores protecciones. Esto no sustituye, claro está, la ausencia de cuotas obrero-patronales.

Un premio por alcanzar un logro deportivo es prácticamente una utopía para las futbolistas. Así, ninguna reconoce recibir algún tipo de distinción pese a la conquista de campeonatos nacionales o internacionales.

“Nosotras fuimos campeonas nacionales y campeonas centroamericanas y no nos dieron nada”, recalcó otra futbolista.

Los ocho equipos juegan partidos importantes durante la temporada, no obstante, ninguno se concentra en hoteles o el Proyecto Gol como parte de su preparación para esos encuentros. De esta forma, ni siquiera cuando deben jugar en zonas alejadas existe la costumbre de viajar el día antes.

"Nos vamos cuatro horas antes a Liberia y tres a Pococí", contaron.

Los equipos de la primera división femenina tienen claro que su horario de entrenamientos es en las madrugadas o en las noches, dado que las jugadoras tienen otras dedicaciones. Cuatro escuadras lo hacen a las 5 a. m., mientras la mayoría del país descansa todavía; el resto de planteles prefiere la tarde-noche.

El transporte y alimentación son otros temas interesantes. Cada jugadora busca la forma de trasladarse cuando los partidos son cercanos al Valle Central; para las afueras, la mayoría de equipos utilizan busetas.

En cuanto a la comida, solo dos planteles tienen asesoría nutricional; los restantes seis comen según quiera y pueda la jugadora.

Un punto que todos los clubes manejan con precaución es el médico. Todos tienen al menos el servicio de fisioterapia y si necesitan de una intervención mayor se las ingenian para conseguir un buen precio para sus muchachas. En este aspecto Saprissa, Codea y Moravia, por sus alianzas con los planteles masculinos, han logrado obtener beneficios y mejorar la recuperación de sus jugadoras.

¿Qué dicen los clubes?. Luego del análisis se consultó a la dirigencia de un plantel con respaldo de una institución deportiva grande como Alajuelense-Codea y a un club pequeño del fútbol femenino como Liberia.

Mientras el plantel erizo considera que la profesionalización se ve cada día más cercana, la escuadra pampera la ve muy lejana.

“Solamente en patrocinios se puede generar un avance. Nosotros en el pasado la vimos complicada, pero ahora que tenemos el convenio (con Alajuelense) pues estamos viendo un poco más la luz. Ahora está el ‘boom’ de la Selección. Pero las jugadoras deben empezar la profesionalización por sus actitudes; por ejemplo, si se les dice: tienen que entrenar tres días, deben llegar esos tres días y no solo uno”, explicó Mercedes Salas, dirigente de Codea.

La manuda instó a los equipos a buscar esas alianzas, ya que la Liga Femenina ya aporta lo que puede. "Ellos nos dan el transporte, balones, el arbitraje, uniformes", añadió.

Por su parte, el entrenador de Liberia, Fernando Castro, profundizó que para las oncenas que están fuera del Valle Central es muy difícil sacar el mes a mes, por lo que llegar a ofrecer contratos es imposible.

"Yo creo que pasa algo muy parecido, tomando en cuenta las distancias con los equipos de primera división masculina, hay tres equipos que marcan la pauta porque son de la GAM, tienen jugadoras con mentalidad profesional, ellos están cerca de llegar al punto profesional, pero los equipos fuera de la meseta central tenemos más dificultades y estamos muy lejos", dijo.

Castro expresó que la única solución es que la empresa privada tome la decisión de patrocinar, pero ya no saben qué puertas tocar.

“La llegada de las televisoras como TD+ y Tigo ayuda de cierta forma para dar pasos, pero eso tiene sus desventajas porque nos ponen a competir en días de trabajo y nosotros nos vemos en desventaja porque hay chicas que no pueden ir por sus trabajos. Nuestras jugadoras ni tienen a veces los viáticos, porque las entradas económicas no contemplan para los viáticos; entonces ahí tenemos que ver cómo hacemos”, finalizó.

Esa es la cruel realidad del fútbol femenino nacional. Una disciplina que hoy festeja 3.600 aficionados en los partidos de la Selección Nacional, pero vive de las miserias en su primera división. El profesionalismo parece una utopía.

Víctor Hugo Alfaro, presidente de la Liga Femenina: ‘El paso a la profesionalización debe darse en cinco años’

—¿Cómo analiza el proceso de profesionalización del fútbol femenino? ¿Lo ve cercano?

Yo en realidad, el tema de la profesionalización, mientras la prensa y la empresa privada no esté de lleno divulgando y patrocinando, pues creo que no hay contenido económico necesario para lograrlo. Como Federación buscamos otros caminos, como por ejemplo, la masificación. Buscamos una plataforma para tener una gran cantidad de jugadoras y dar ese salto, al tener a tantas personas buscando jugar este deporte.

La empresa privada no ha demostrado interés absoluto en el fútbol femenino y solamente le han puesto atención en ciertos momentos de éxito.

—Tengo entendido que el ente organizador aporta balones, dinero... ¿Puede exigir mayor a los equipos?

Si no fuera por la Liga y el Icoder el fútbol femenino no fuera el 25% de lo que es hoy, porque la gran carga económica la aportan el Icoder y la Liga Femenina. A los equipos se le da arbitrajes, uniformes, los balones, se les da dinero efectivo para canchas y transporte y otras cosas más. El tema no es sencillo, los aficionados no llegan, vemos 50 o 60 aficionados y eso no es rentable.

—¿Cómo crear ese enlace con la afición?

No lo veo lejano, porque vea con la Selección. Cuando uno ve 3.600 personas en un partido, pues se ilusiona, pero para dar ese paso debemos avanzar más, porque el proyecto para conseguir una liga profesional está estructurado pero no se le puede hacer un daño. En este tipo de actividades queremos masificar para luego profesionalizar.

—¿Hay un plazo como organización para ese paso?

No tenemos un plazo así determinado, pero es un paso que debemos dar en cinco años. Creo que es el tiempo necesario idóneo para terminar con la masificación y buscar llegar más allá, porque como le digo el tema tiene muchos más subtemas por analizar que solo pedirle a los clubes las condiciones primarias.