
Jicaral, Lepanto
Desde el día antes de la final, el pueblo de Jicaral vivía su fiesta, un presagio de lo que sucedería luego, cuando se proclamó campeón del torneo Apertura de la Liga de Ascenso por primera vez en su historia.
Detrás del estadio de la Asociación Cívica Jicaraleña, la rueda de Chicago y un colorido turno con chinamos adornaron el ambiente para el decisivo juego.
El sueño que inició hace apenas cinco años en la Liga Nacional de Fútbol Aficionada (Linafa), con una franquicia prestada, dio un gran paso en su ilusión de ascender a la división de honor.
Jicaral Sercoba, orgullo del caserío del mismo nombre en el distrito puntarenense de Lepanto, se dejó el título al derrotar 1-0 a Uruguay de Coronado.
Tras igualar 1-1 como visitantes en la ida, los dueños de casa le apostaron a una inclemente cancha, un calor sofocante y la pasión de una afición que se instaló en la única gradería de sombra del inmueble, rodeada de árboles, para sacar el resultado.
Como era de esperarse, Jicaral llevó el control del partido, con arremetidas por los costados de Michael y Guillermo Mora y la picardía de Greivin Ureña.
Ureña, oriundo de la Zona Sur, fue el conductor del conjunto local y artífice de las acciones ofensivas de los anfitriones, quienes en la primera etapa del cotejo cobraron 10 tiros de esquina.
Fue en una de esas acciones a balón parado que se decidió el compromiso, cuando Carlos Barahona aprovechó un entrevero en el área y marcó el único gol del compromiso al minuto 42, ante la algarabía de la afición local.
Jicaral recibió el justo premio a su esfuerzo en la cancha, ante una escuadra coronadeña que intentó, mediante la vía del contragolpe, llegar al área contraria.
En el complemento, la lesión de Barahona, quien se llevó un fuerte golpe en la boca que le causó una herida que ameritó cuatro puntos de sutura, condicionó a los jicaraleños. Luego vino la expulsión del defensa Jessie Ruiz.
Estos dos factores incidieron en el partido, pues Uruguay ganó la posesión del balón y entonces los josefinos se lanzaron sobre la portería de César Segura en busca del empate. El duelo ganó en intensidad, se volvió mucho más físico y afloraron las faltas.
El epílogo del juego fue dramático, con los lecheros volcados totalmente al ataque y los pupilos de Rónald Macho Mora defendiéndose con uñas y dientes.
Al final, Jicaral logró sostener un resultado que le garantiza un lugar en la gran final.
