Esteban Valverde. 2 junio
Los jugadores de Jicaral explotaron de alegría al finalizar el partido ante Guanacasteca y conseguir así un espacio en la Primera División. Fotografía: Rafael Pacheco
Los jugadores de Jicaral explotaron de alegría al finalizar el partido ante Guanacasteca y conseguir así un espacio en la Primera División. Fotografía: Rafael Pacheco

El triunfalismo de Jeaustin Campos fue más fuerte que el sentimiento de derrota que rodeaba cada final de Jicaral. El estratega que consiguió cinco cetros con Saprissa, siendo el que más ha logrado con los tibaseños, sumó una estrella más a su hoja de vida: ascender a la Primera División.

Pasaron dos temporadas en las que los jicaraleños fueron el escuadro más fuerte del Ascenso; no obstante, perdieron las finales frente a Grecia y San Carlos. Ahora cuando la ‘maldición del ascenso’ rondaba la cancha de la Asociación Cívica apareció Campos para comandar a una escuadra que no entró como favorita, pero terminó dejándose el cetro de la Segunda.

Campos, acostumbrado a rozarse con la gloria, celebró este campeonato de una forma diferente. Toda su familia lo acompañó en la gramilla, su madre fue de las primeras personas en acercarse para abrazarlo y las lágrimas se apoderaron de él en ese instante.

El técnico, contrario a su colega de la acera del frente Mauricio Guevara, estuvo ecuánime sin dejarse dominar por las emociones. Siempre giró instrucciones y pidió tranquilidad cuando el triunfalismo se palpitó en las gradas.

El partido de vuelta fue manejado con cautela por el timonel, quien no arriesgo y más bien buscó la forma de administrar el tiempo, a sabiendas de que las oportunidades llegarían solas en algún momento.

Jicaral no apostó por el fútbol, sino más bien por la táctica fija para sentenciar. En el minuto 23 un tiro de esquina de Gabriel Leiva terminó en la cabeza de Leonardo Adams. El eterno goleador de tez oscura y de 38 años, se levantó en el segundo palo y marcó. Desde ese momento la serie empezó a verse sentenciada.

Guancasteca comenzó a sentir la presión de estar por abajo en el marcador, los pases imprecisos y tiros desesperados fueron la principal característica de juego para los de la Pampa, quienes con mucho corazón buscaron llegar al marco contrario, empero sin puntería.

En el 43' cayó el gol que acabó con cualquier ilusión guanacasteca y desató la locura jicaraleña. Wálter Chévez transformó un tiro de penal, después de una jugada infantil del arquero Iván Acuña.

El portero, luego de atrapar el balón que provino de un centro, le pegó un puñetazo a José Vargas. El zaguero de los locales cayó al césped y el central David Gómez señaló el manchón blanco. Luego de la acción, Acuña terminó cabizbajo; su rostro mostraba una frustración notable, con una mirada perdida.

Con el 2 a 0 a favor, el nuevo inquilino de la división de honor dedicó el segundo tiempo a administrar y cansar a su rival.

Jeaustin Campos era claro en sus indicaciones: “Toqueeen, toqueeeeen, que corran ellos”. Mientras los nicoyanos se desgastaban intentando recuperar cada pelota.

En el 63' Guanacasteca tuvo un hilo de esperanza cuando Jehudy Pizarro anotó el 2 a 1 después de un servicio de saque de banda de Yeison Molina.

Pese a que solo un gol separaba a los pamperos de la eliminación o de la extensión a los tiempos extra, el tanto nunca llegó, ni siquiera crearon peligro en el área rival.

Sin sufrir, Jicaral logró amarrar el boleto. Jeaustin finalizó bañado en un refresco gaseoso, abrazado con su familia y una sonrisa en su rostro. El entrenador acostumbrado a los cetros consiguió uno más y además finalizó con la mala suerte que tenían los porteños, quienes ahora son los nuevos inquilinos de la Primera División.