Herediano desnudó al Saprissa, dejó en evidencia sus carencias, sobre todo tácticas, para pasarle por encima y dejarlo atontado de cara al clásico nacional. El cuento de hadas de Wálter Centeno sobre posesión de pelota, de toque, de juego bonito quedó borrado; no se vio, no pesó y ahora dejó cuestionada la clasificación.
El campeón nacional no se anduvo con rodeos e hizo presión alta desde que se escuchó el pitazo inicial; en cada saque de puerta de los saprissistas Rándall Azofeifa referenció a un central, Mynor Escoe iba con el otro, Luis Díaz se encargó de un lateral y Jimmy Marín fue con el que sobraba. El Monstruo no encontró otra salida más que el pelotazo, así Kevin Briceño regaló varios saques.
Es cierto, la S tuvo sus chances; sin embargo, se topó con un Daniel Cambronero inspirado que no falló, rechazó los balones complicados y resolvió cuando su equipo lo necesitó. Las ocasiones moradas nacieron de contragolpes comandados por Johan Venegas y Rándall Leal, dos futbolistas que apostaron por el orgullo cuando no encontraron socios futbolísticos.
Leal buscó en su individualismo la respuesta y consiguió disparar desde derecha para exigir al arquero, mientras Venegas corrió, metió y fue desequilibrante, pero siempre sufrió un dobleteo de Keysher Fuller y Berny Burke que lo anuló.
Lo del Saprissa, con el permiso de Gabriel García Márquez, era una crónica de una muerte anunciada... Wálter Centeno salió sin contención al duelo y también regaló la banda izquierda. El estratega puso a Michael Barrantes a correr por un lado y colocó a Mariano Torres como recuperador; sí, el cerebro con una izquierda privilegiada para hacer pases filtrados y rematar a marco solo se dedicó a correr y pegar.
Jafet Soto leyó fácil lo que le plantearon y colocó doble candado para apoderarse de la zona medular con Rándall Azofeifa y Yeltsin Tejeda; además, por derecha como extremo rotó a Burke y Luis Díaz para que hicieran fiesta: desbordaron las veces que quisieron.
La primer diana reflejó todos los males del Saprissa en una acción: Díaz le ganó a pura velocidad a Barrantes para servirla a Mynor Escoe, el delantero sin presión tocó atrás para Jimmy Marín y el hábil volante disparó rastrero sin marca, entrando al área, ¿dónde estaba el recuperador tibaseño?
El Team rápidamente sentenció el duelo. El conjunto florense en el 39′ recurrió a la misma táctica del primer tanto para buscar el segundo, pero esta vez fue Berny Burke el que dejó hablando solo a Ricardo Blanco, sirvió a Yeltsin Tejeda y el contención habilitó a Rándall Azofeifa para que disparara y, con un desvío de Alejandro Cabral, llegara el 2 a 0.
Wálter Centeno inquieto caminaba de izquierda a derecha, gritaba con clara frustración y con sus manos pedía juego: “¡Jueguen, jueguen!”, gritaba.
Herediano, en la segunda etapa, pudo marcar uno o dos goles más, pero careció de efectividad. Los dirigidos por Jafet llegaron una, dos, tres, cuatro, cinco; no obstante, no convirtieron.
Desde el banquillo, Centeno tuvo que ceder y quitó a Barrantes de la lateral para ponerlo como central, hizo ingresar a Juan Bustos y adelantó a Mariano Torres; ahí algo mejoró. La ocasión llegó en pies de Mariano, empero Yeltsin Tejeda despejó de la línea de gol.
La frustración en los tibaseños era notoria: jugadas fuertes de Rándall Leal, Michael Barrantes, reclamos por doquier de Mariano al árbitro central y roces con rojiamarillos como los que se dieron entre Alejandro Cabral y Mynor Escoe.
El Paté, con ceño fruncido y manos cruzadas, solo encontró claridad en su suéter rosada, porque su escuadra nunca se vio cómoda, tampoco tuvo la pelota y fue víctima del Tigre que fue mucho más en todos los aspectos.
Al conjunto josefino se le vio desganado, como entregado a la suerte, las pelotas divididas eran ganados por los rojiamarillos, también los duelos mano a mano; donde había un morado aparecían dos florenses encima.
Herediano dio el paso que necesitaba para estar taco a taco luchando por clasificar: ya tiene los mismos puntos que el cuarto puesto, 28, con un juego menos y golpeó con fuerza a una S herida que se olvidó de ganar. El Tigre vio la oportunidad de castigar a un archirrival y sin piedad le dio, pese a que el marcador quedó corto.
Saprissa, por su parte, agrava su crisis: cinco partidos sin ganar, una idea táctica destrozada y conocida por todos, además está al borde del abismo emocional si pierde el clásico; el equipo del Paté no triunfa, tampoco arma y ya ni siquiera domina sus partidos; principal característica del sistema del estratega que ilusionó con un tiqui - taca que ya nadie ve. Saprissa está en zona de clasificación por la renta acumulada.
