Doña Flory Batista estaba como en un palco, sentada frente al televisor en su casa, en Isla de Chira, junto a su hijo Carlos y en compañía de los otros familiares que viven con ellos.
La mamá de Alonso Martínez no quería perder detalle de ese primer partido de la final entre Liga Deportiva Alajuelense y Herediano. Ella estaba convencida de que algo bueno iba a suceder, porque el propio futbolista le había comentado que tenía el presentimiento de que iba a anotar.
Minuto 36. Un saque de banda que llegó a Bryan Ruiz, ese talentoso futbolista cuya inteligencia lo hizo salir del área para recibir y lanzar la pelota a Jurguens Montenegro. El porteño esquivó la marca con dos movimientos rápidos, sacó un centro hacia atrás que fue a dar a Alonso Martínez, quien consiguió el gol que tiene con ventaja a la Liga.

“Cuando anotó se me vino a la mente una conversación que tuve con él cuando estaba en la concentración. Le pregunté que cómo se sentía y me dijo: ‘Mami, yo tengo la fe de que voy a meter un gol’. Le respondí que ojalá así fuera. Nosotros teníamos toda la fe. Yo pasaba diciendo: ‘Ojalá que Alonsito meta un gol’ y gracias a Dios se cumplieron nuestros deseos”, contó doña Flory.
Eso también se lo dio a entender a don Luis Romero, quien es como su segundo padre. El sábado pasado el futbolista lo llamó y le dijo que el domingo iría a Puntarenas, que le preparara la famosa olla de carne que tanto le gusta.
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Mientras la saboreaba le dijo que estuviera atento, que si anotaba, haría el gesto de que estaba comiendo, para dedicarle ese tanto a él, por siempre estar con él.
Cuando don Alfredo, el papá de Alonso, estaba en el proceso de agonía, don Luis, más conocido como ‘Niño’, le prometió que no iba a abandonar a ninguno de los muchachos y menos a ese niño de siete años.
Los nervios. Doña Flory padece de gastritis y conforme se acercaba la hora del partido cuenta que no sabía ni qué sentía.
Le dolía el estómago, pero sabía que era por los nervios, mezclados con el corazón de mamá. Tomar agua durante los 90 minutos fue la medicina y apenas se acabó el juego todas esas sensaciones extrañas desaparecieron.
Este jueves, Alonso la llamó a las 5 a. m., le dijo que casi no pudo dormir. Ella le recomendó que intentara conciliar el sueño, pero ya él iba de camino al entrenamiento en el Centro de Alto Rendimiento en Turrúcares.
“Alonso tenía siete años cuando su papá murió y fue muy difícil para él y para todos, porque estaba muy chiquillo. Cuando empezó con la mirada puesta en el fútbol se fue emocionando más, pero para mí era difícil, porque tenía que ir a entrenar. A la vez sentía alegría de verlo con esa emoción para jugar bola”, relató doña Flory, quien tiene cinco hijos.
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Ella vive con Carlos, que es quien madrugaba siempre para llevar a Alonso a todos los entrenamientos y afirma que ese gol desató una locura, no solo en su casa, sino en toda la Isla de Chira.
“Siempre la gente acostumbra a ver el partido acá, por ser de la familia y parecía un estadio. Obviamente todos cumpliendo el protocolo por el tema de hoy en día. Muy nerviosos al principio porque era la final y cuando él hizo el gol fue una loquera, todo el mundo en el barrio gritaba, explotaron bombas, fue una alegría. Hasta los saprissistas y heredianos de Chira iban con Alonso”, apuntó Carlos.

Wilson es otro de los hermanos de Alonso. Él vive en Esparza y cuenta que el menor de la familia llegó para darles alegrías a todos.
“Yo me volví loco gritando. Los chiquillos se me tiraban encima y yo ni cuenta me daba. Desde carajillo, desde que estaba en la escuela lo llegaban a buscar del lado de Guanacaste, de Jicaral, que fuera a jugar campeonatos, lo invitaban, y mi mamá con miedo, porque tenía que salir de la isla para ir a otros lados y estaba muy chiquito. Iba y cuando volvía llegaba con trofeos a la casa por ser goleador. Eso a uno lo motivaba y a él más. Es un gran orgullo verlo hasta donde ha llegado”, indicó.
En Barranca está Rodolfo, el hermano mayor, y dice que está afónico, porque “fue algo de locos”.
“Cuando agarró esa bola y yo grité gol. Y sí fue gol. Aunque estábamos en nuestras casas, todos estábamos unidos y en contacto. Todos nos hablamos con ese gol. Esto lo motiva a él a seguir adelante. En el barrio saben que somos liguistas y que Alonso está ahí. La gente del barrio y los compañeros del trabajo me ponían mensajes felicitándome y felicitando a Alonso, hasta los mismos compañeros saprissistas me decían que excelente por Alonso y por lo que significa para nosotros”.

Entre risas dice que Alonso no solo tiene que seguir las órdenes de Andrés Carevic, sino las de sus cuatro hermanos.
“Nosotros somos como los técnicos de él, todos le decimos algo. ‘Vea Alonso, hay que mantener la calma’, muchas veces se lo decimos. Todos le damos indicaciones y él aparte de que es un chiquillo que tiene los pies bien puestos en la tierra, nos toma los consejos. Cuando algo no nos gusta, se lo decimos, cosas como que esa bola la debió tirar al otro lado, o tal jugada así”.
Asegura que una anotación en una final son palabras mayores y que este tanto le ayudará a tenerse más confianza.
“Él es muy tímido y es muy callado, se parece mucho a mí. Yo soy un poco callado, más observador. De mis hermanos, Alonso es el que se parece más a mí en la forma de ser, es más reservado, piensa las cosas para hablarlas, no es hablantín. No es que sea hartado, es porque es la forma de ser de él”.
Jonathan es el otro hermano. Él se encuentra en Isla Venado y asegura que lo vivido el miércoles con esa anotación le resulta indescriptible, máxime que cambió sus colores futbolísticos por su hermano.

“Fue algo impresionante. Nosotros estábamos contentos porque iba a jugar. Ese gol llegó en el momento mejor indicado, fue algo tremendo. En mi caso yo era saprissista, pero esto ha dado un cambio radical, esto ha llegado a cambiarme los colores, al ver a Alonso en la Liga, que es titular, es algo fuera de serie. Nunca lo esperábamos. Me siento tan contento, veo las repeticiones, veo las redes sociales y Jurguens (Montenegro) y Alonso, toda esta gente está haciendo un gran trabajo”, relató Jonathan.
Sobre esa peculiaridad, no falta quien lo moleste, pero su respuesta es que la familia es lo primero y la Liga lo cautivó.
“Yo a la gente le digo que uno puede cambiar de colores, de equipo, yo soy liguista. A mí no me interesa lo que está pasando con Saprissa, a mí lo que me interesa es la Liga. Me siento tan identificado, había sido saprissista, pero es que con Alonso en la Liga lo que yo quiero es saber de Alajuelense nada más. Sigo todas las páginas de la Liga, no tengo nada de Saprissa, porque ya me siento identificado. Yo sé lo que le ha costado a él y lo que le ha costado a la Liga; yo no quiero nada con Saprissa, quiero todo con la Liga y confío en que el domingo llegará la 30″, subrayó.
Estos días han sido extraños para él, porque por un lado se quiere ilusionar, pero a la vez no quiere caer en triunfalismos.
“Antes del miércoles, yo me dije: ‘para mí Alonso es un campeón, hasta donde ha llegado’. Uno se mete eso en la mente. Uno tiene la fe de que Alajuelense ganará el título, pero por lo que ha pasado, uno no puede ilusionarse de más, pero después de este miércoles uno siente un poquito más de tranquilidad, veo al equipo con carácter, lo veo firme y sé que en el Morera Soto la Liga hará un mejor partido aún”.
Confesó que antes de que empezara el campeonato, él estaba encima de Alonso, diciéndole qué iba a hacer.
“Me respondió que seguía en Guadalupe porque se sentía muy bien. No le expresé nada a él, pero sí conversé con Agustín Lleida. Yo quería que le diera una oportunidad y me respondió que sí, que lo iban a probar y que Andrés Carevic decidiría; que si no se quedaba, volvía a préstamo”.
Era complejo, porque quizás Guadalupe no lo iba a querer de vuelta y si la Liga no se lo dejaba, moralmente iba a ser un golpe; pero afrontó el reto y puso de su parte para quedarse.
“Yo siempre he dicho que el fútbol es de psicología, el jugador pasa tantas cosas que llega el momento en el que ellos quieren renunciar a todo. Algunos toman malas decisiones, sienten que el mundo se les cae encima y no quieren seguir, pero Alonso ha sido un espíritu de lucha”.
Él asegura que lo admira por tantos sacrificios. El resto de los hermanos están cerca, pero él salió de la isla para irse al Valle Central, persiguiendo su sueño.
“Ha sido un ejemplo de lucha para todos, está donde está por esfuerzo, puro coraje, los compañeros que lo han apoyado. Tiene una gran amistad con Jurguens. Viajan juntos cuando vienen a Puntarenas y la gente de la Liga lo ha apoyado muchísimo”, acotó.
Todos siguen con los nervios de punta, pero los tranquiliza hablar con Alonso y ver que el futbolista sigue concentrado, en busca de su objetivo con la Liga.
Martínez suma 1.081 minutos en este Apertura 2020 con la Liga y su tanto en el primer partido de la final fue su cuarto gol en el torneo.
Según datos del Sistema de Información de Fútbol (Sifut), “previo a este juego había realizado 26 tiros, con 9 a portería”.
