Juan Diego Villarreal. Hace 4 días
En el barrio Refundora en Villarreal de Santa Cruz, Guanacaste, Mirian Suazo, tía de Léster Morgan y la madre del portero Victoria Suazo (sentadas a derecha e izquierda), guardan los recuerdos del arquero como el mayor tesoro de la familia, tras su muerte hace 18 años. Fotografías: Sonido de Peso, exclusivas para La Nación
En el barrio Refundora en Villarreal de Santa Cruz, Guanacaste, Mirian Suazo, tía de Léster Morgan y la madre del portero Victoria Suazo (sentadas a derecha e izquierda), guardan los recuerdos del arquero como el mayor tesoro de la familia, tras su muerte hace 18 años. Fotografías: Sonido de Peso, exclusivas para La Nación

Cada vez que se menciona el nombre del arquero Léster Morgan Suazo, a su madre Victoria Suazo y a su tía, Mirian Suazo, se les estruja su corazón.

Los recuerdos van y vienen, mientras sentadas en sus mecedoras, en el barrio Refundora, en Villarreal de Santa Cruz, Guanacaste, surgen en forma espontánea las anécdotas, de aquel niño que creció jugando como defensa en la escuela de la localidad y se convirtió en uno de los mejores arqueros del país.

La prematura partida de este mundo, en noviembre del 2002, no solo causó luto y pesar entre sus familiares, sino también un enorme dolor entre los aficionados al fútbol costarricense, quienes admiraban al joven guardameta, por su capacidad debajo del marco, su humildad y simpatía.

(Video) Familiares de Léster Morgan recuerdan sus inicios en el fútbol

Es por ello que a Mirian, quien cuidó de Lester en su niñez y a su orgullosa mamá, aceptaron este espacio con La Nación, para contar que les duele en el alma cuando, de acuerdo a sus palabras, no hablan con la verdad del joven santracruceño y, por el contrario, cuentan historias inexactas que las lastima y las llena de angustia.

Para ambas mujeres, 18 años después del fallecimiento del guardameta, que el pasado 2 de mayo habría cumplido 44 años, Léster fue una buena persona, con errores, como todo ser humano. Consideran injusto que no se le deje descansar en paz.

A sus 64 años, Victoria Suazo recuerda a su único hijo varón, el mayor de cuatro (tres mujeres) como un niño tremendo, que en su infancia cada vez que se portaba mal o se peleaba con su tía Mirian, se subía a un árbol de mango para evitar su castigo.

Mirian, por su parte, fue quien lo cuidó, fue su confidente y apoyo en los momentos difíciles en su adolescencia y el mayor sostén de su hermana en los momentos más difíciles de la familia. Hoy en día guarda las medallas del guardameta y sus acreditaciones de los diferentes eventos en que participó.

“Siempre se portó bien. Era un chiquito muy estudioso, que empezó en la escuela jugando como defensa con el maestro Patricio Rodríguez (qdDg). El maestro Patricio le ayudó a forjar su personalidad, le llenó de confianza y lo impulsó en otros deportes”, recordó doña Victoria.

Aún recuerda cómo Léster despuntó en el atletismo a nivel escolar, al ganar el primer lugar en la disciplina del salto largo, en Cartago, quizás su primer gran triunfo en el deporte.

“Recuerdo que fui a Cartago con don Patricio y Léster. Me agarró una ‘temblorina’, no sé si era del frío o de los nervios, pero ese día Léster ganó. Don Patricio siempre lo apoyó, le ayudó a desenvolverse y le puso de portero, donde le rendía, y poco a poco fue creciendo. Cada vez le gustó más el puesto y se desenvolvía muy bien”, recordó la mamá.

Pronto llegó su inclusión al equipo de Juegos Nacionales de Santa Cruz 1994, donde ganaron la presea de oro como locales. En 1995 fue llamado a la Selección Sub 20, con la cual clasificó al Mundial Juvenil de Catar 1995 y ese mismo año debutó en la máxima categoría con Guanacasteca, antes de vestirse con los colores rojiamarillos del Herediano.

Victoria Suazo guarda una de las camiseta de su hijo, Léster Morgan que utilizó en el Herediano. Fotografías: Sonido de Peso, exclusivas para La Nación
Victoria Suazo guarda una de las camiseta de su hijo, Léster Morgan que utilizó en el Herediano. Fotografías: Sonido de Peso, exclusivas para La Nación

Vivir muy rápido. Léster rápidamente se ganó un lugar en la portería del Team. En 1999, fue contratado por un año por los Venados de Yucatán, por 12 meses en la Liga de Ascenso azteca, antes de regresar al país para integrarse al Herediano y ser parte de la Selección Nacional que participó en el Mundial de Corea y Japón 2002. Integró la Tricolor como tercer portero.

No obstante, situaciones personales llevaron al joven guanacasteco a tomar una fatal decisión el 1 de noviembre del 2002 y terminar con su andar en este mundo.

Doña Victoria toma aire, hace una pausa en la conversación y parece revivir el momento más doloroso en su vida.

“Léster me dio muchas alegrías y tristezas. 15 días antes de morir estuvo en mi casa y una semana antes me llamó para contarme que se encontraba con su pareja donde su tío, en Hatillo 5, preparando una olla de carne. Me dijo que el otro fin de semana iba a volver a jugar, tras reponerse de una lesión, pero nunca llegó a jugar…”, recordó Suazo.

Un sobrino llegó a avisarle a Doña Victoria del deceso de su hijo. Incrédula pensó que era uno de sus hermanos, antes de comprender la infausta noticia, mientras trabajaba como cocinera en un hotel en Tamarindo.

La noticia había conmovido igual a todo un país y los motivos de la muerte del Morgan se atribuyeron a problemas por el pago de pensiones alimenticias, situación que con el paso del tiempo generó una serie de interrogantes e historias que han hecho sufrir a la madre y su familia.

Victoria Suazo sostiene una fotografía del arquero Léster Morgan. La mamá todos los días recuerda a su hijo. Fotografías: Sonido de Peso, exclusivas para La Nación
Victoria Suazo sostiene una fotografía del arquero Léster Morgan. La mamá todos los días recuerda a su hijo. Fotografías: Sonido de Peso, exclusivas para La Nación

“Me llevaron a San José en una avioneta, pero yo iba como inconsciente. Mi deseo era verlo, porque yo pensaba que no era verdad. En la medicatura forense me dijeron si iba a reconocerlo. Yo dije que sí. Fue un momento tan duro que no se lo deseo a nadie", relató conmovida doña Victoria.

La iglesia del pequeño pueblo de Villarreal se hizo pequeña, muestras de cariño afloraron en todo momento. Pero una vez que su cuerpo fue depositado en la bóveda del cementerio local y con el paso del tiempo, las historias y revelaciones de su vida personal y la relación con las madres de sus cuatro hijos ha sido motivo de especulaciones y contradicciones.

“Él era un ser humano con defectos como todos. Pero aún ahora se hablan tantas cosas cuando lo mencionan a él. A mi hijo no lo dejan descansar en paz. Se dicen tantas cosas que son falsas y a uno como familia le duelen. Cuando leo o escucho esas cosas me pongo a llorar. La gente no sabe el sufrimiento que nos causa”, agregó Doña Victoria, mientras su hermana confirmó sus palabras.

Doña Victoria aún guarda alguna ropa de Léster.También conserva guantes, camisetas y otros implementos deportivos

“Es hora que ya descanse, que no lo mencionen tanto. Para mí sus tres hijas y el hijo, que es un joven especial, son mi gran alegría. Las niñas me llaman y yo visito al varoncito. Me siento muy orgullosa de todos. Fue muy duro, pero gracias a Dios sé que Léster está mejor, está con Dios, quien lo perdonó y le dio esa paz que no tenía cuando estuvo con nosotros y eso me llena de tranquilidad”, admitió la madre.