Cuando el árbitro pitó por última vez en el partido del sábado pasado entre Saprissa y San Carlos, las gargantas moradas se llenaron de campeonato, las palmas se unieron en una sonata de felicidad y las resucitadas cornetas recordaron las glorias pasadas.
Con un 3-0 en el marcador del Ricardo Saprissa, los morados cortaron una sequía de un año sin terminar en el primer puesto.
En Saprissa esos 12 meses pesaban, y la feligresía morada se hizo presente para la fiesta.
Faltaban un par de minutos para el final de los 90 minutos y la zona de vestidores del estadio vibraba. La gradería sur, sobre las cabezas de los familiares de los jugadores, retumbaba con los brincos de la fanaticada.
Cuando ya no había vuelta atrás y los libros de historia registraban al Deportivo Saprissa como campeón del Torneo de Verano 2010, familiares, directivos, exjugadores, prensa y miembros de la Ultra Morada, salieron a topar a los jugadores.
Armado Alonso celebraba con una peluca, “pura loquera”, explicó luego; Alonso Solís deambulaba con cara de felicidad y Víctor Badilla, gerente del club, dejaba escapar unas lágrimas.
Madres, padres, hermanos, hermanas y esposas con hijos buscaban a sus amados.
“En cuanto lo vi lo felicité, uno como familiar juega los partidos con él y los celebra, con felicidad y hasta con lágrimas”, explicó Maribel Rojas, madre del volante Michael Barrantes.
El resto de la gente comenzó a irse de las graderías y los jugadores a llevarse el festejo al camerino.
En el vestidor los gritos y los cantos, con agua y vino volando por los aires, contrastaban con la calma de las familias que afuera esperaban a los campeones.
Humberto y Katherine, padre y hermana de Joel Campbell, hacían tiempo mientras salía el ariete.
“Es un orgullo”, comentaba la hermana. “Siempre lo imaginé campeón”, aseguraba el padre.
Mientras que adentro del vestidor los futbolistas se fundían en una festividad, en las afueras su sangre hacía vigilia.
“Mi hija Daniela le dice a Keylor (Navas) que le va a llenar el marco de angelitos para que lo ayuden, en este torneo sobraron”, explicó Andrea Salas, esposa del portero.
Ahí afuera la procesión andaba por dentro, pero se escapa en las miradas de complicidad, de orgullo y de saberse tan campeones como los que sudaron en el terreno.
El triunfo lo vivieron todos.