Llegaron a Costa Rica con la perspectiva de lograr el éxito en el futbol. Algunos técnicos lo lograron y otros no, pero buena parte de ellos dejaron su huella, se afincaron y terminaron tan arraigados, que se quedaron a vivir aquí.
Los primeros casos ya tienen décadas de permanencia. Son los casos de los uruguayos Orlando de León, Luis Borghini, Julio César Pocho Cortés, Gustavo de Simone, Carlos Oria, Fernando Sosa, Daniel Casas y José Mattera, fallecido aquí en abril del 2006.
Se les unen los brasileños Odir Jacques, Luis Fernández Teixeira y Alexandre Borges Guimaraes, aunque este último se naturalizó en 1985 y empezó su carrera como técnico siendo tico, luego de retirarse del futbol en 1992.
Jacques y Borghini son ticos desde hace casi tres décadas. La gestión la concretaron en 1979; el primero incursionó en el negocio de las tiendas deportivas y el segundo ejerció como educador.
Se les unen los españoles Antonio Moyano Reina y Juan Luis Hernández, el chileno Hugo Tassara Olivares, el italiano Fabrizio Poletti y el checo Ivan Mraz.
Recuerdos. Hugo Tassara recordó que llegó a Costa Rica en 1959 y siempre lo sedujo a partir de los dos títulos que ganó con la Liga.
“Me di cuenta de la calidad de futbol y de futbolista que existía en este país, que hay que quererlo y aceptarlo con sus múltiples virtudes y defectos. Junto a mi familia terminé enamorándome del país. Mis hijos son chilenos, pero ya están naturalizados costarricenses”, declaró Tassara, de 83 años.
Orlando de León llegó en 1972 a San Ramón y tiene 35 años vinculado al país. “Aquí me quedé por el aspecto familiar. Mi esposa es costarricense y tuve tres hijos. Siempre me gustó Costa Rica y pasé por todos los equipos, solo me faltó dirigir al Saprissa”, comentó el charrúa.
En 1972 también arribó Antonio Moyano. “Yo vine al Heredia recomendado por Eduardo Viso. Tuve un debut horrible: Saprissa nos goleó 7-0. No me tocó estar en la Liga, ni en el Saprissa, ni en Cartago...
“Siempre me gustó la tranquilidad del país y siempre tuve trabajo”, agregó a sus casi 80 años.
Iván Mraz dijo que llegó en 1978 y lleva 22 años de vivir aquí, en dos diferentes momentos, y uno de los aspectos que influyó para quedarse como residente fueron los estudios de sus dos hijos en el colegio.
“Mi decisión de quedarme fue que noté que hay un espacio enorme en la formación de jóvenes. Por eso fundé una escuela de futbol para aprovecharme de este campo y alargar mi vida activa”, explicó.
Otro que se encariñó del país fue el español Eduardo Viso. Murió aquí y, al igual que Mattera, dejó raíces familiares bien asentadas.