El Wálter Centeno de dos caras salió al terreno de juego aplaudido por la grada morada. El Paté tranquilo, en la previa, y el Paté más enérgico que se ha visto desde que asumió el banquillo morado, durante el juego.
Al borde de la línea de cal reflejó carácter, conocimiento y una explosión de júbilo con el gol de Michael Barrantes, el rey de su idea en el ajedrez del equipo.
Centeno vivió su partido. Intenso. De aquí para allá. De allá para acá. Conversaba con Andrés Arias, su asistente, y también le hacía muchos gestos a sus jugadores. Les pidió calma una y otra vez.
En una etapa del juego, los reclamos al árbitro Adrián Elizondo fueron una constante en la Cueva. En el minuto 30, Centeno calmó a su banquillo. El regaño fue evidente. Tanto así que luego nadie volvió a salir de la zona para recriminarle al silbatero alguna decisión.
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Con sus manos les decía que no reclamaran. Los quería concentrados. Con sus manos se señalaba su cabeza como señal de que priorizaran el pensamiento sobre la sangre caliente.
La dolencia de Marvin Angulo y Juan Bustos Golobio lo tuvo en constante análisis con Arias, pero tomó decisiones: entraron Jairo Arrieta y Juan Gabriel Guzmán. Incluso, al final arriesgó con el ingreso de Rubilio Castillo por Aubrey David. El reacomodo táctico fue una constante.
Ojo que esto fue vital para que la S ganara el partido. El ingreso de Rubilio generó un cambio rotundo en el planteamiento. El Monstruo jugó con dos centro delanteros: el catracho y Arrieta.
Situación que no sucedía en el equipo desde hace cuatro años, pues Carlos Watson y Vladimir Quesada solo jugaron con un nueve.

Esa fue la parte táctica. El Paté de sangre fría para tomar decisiones, pero ojo que también está el Centeno dinámico y activo.
El reloj continuaba y el ‘DT’ morado también seguía con la misma indicación: ¡Calma! Casi que la exigía a gritos. Continuaba solicitando intensidad cuando Pérez Zeledón robaba la pelota.
Su momento culmen fue a los 75 minutos cuando Barrantes clavó la daga a los generaleños. Ahí Paté sacó toda la tensión. ¿Se acuerdan como celebraba sus goles? Así con los puños apretados, su cuerpo levemente inclinado para atrás y su grito eufórico. Hizo lo mismo. Estaba en su zona técnica y se volvió para celebrar con los aficionados con su forma predilecta.
Ahí empezó otra noche. La de más concentración. Ya tenía amarrado el juego. No se veía por dónde el rival pudiera hacer daño con elaboración, pero sí con táctica fija. El técnico exigía no hacer faltas cerca del área.
Con el pitazo final fue a celebrar y a felicitar a sus jugadores. Hubo abrazo para Mariano Torres, una palmada en la espalda para Johan Venegas, quien estaba hincado en el piso. Hubo abrazo y saltos con Arrieta y Christian Bolaños. Y siguió uno a uno con todos hasta reunirse en el centro del campo brevemente, para luego esperarlos en el camerino.
En el vestuario hablaron los líderes: Johan Venegas fue quien tomó la batuta. Posteriormente, Paté salió a la conferencia de prensa: una en la que mostró su satisfacción por llegar a la final, hambre por ganarla y mesura por el rival de turno: San Carlos.