Desde hace tiempo pertenece a Liga Deportiva Alajuelense, pero es hasta ahora cuando realmente los rojinegros le sacan provecho.
Al principio parecía que jugaría a préstamo, como lo había hecho en los últimos torneos, pero Alajuelense le comunicó a Guadalupe que quería de vuelta a Alonso Martínez.
Todo dependía de él. El cuerpo técnico quería ver más de cerca al exponente de la Isla de Chira y conforme se desempeñara en la pretemporada, así se tomaría una decisión.
Sin embargo, no hubo necesidad de esperar mucho. El jugador no iba a desperdiciar esa nueva oportunidad y quería demostrarle al dueño de su ficha que sí tiene todas las condiciones para jugar en Alajuelense.
Algo tenía Martínez, porque lo mismo había ocurrido cuando el técnico rojinegro era Luis Diego Arnáez, pero en la Liga habían muchos hombres de renombre y no iba a tener tanto rodaje. Aun así, actuó en siete encuentros con los erizos y registró 150 minutos en cancha.
En enero del 2019 se marchó a préstamo a Guadalupe. Ahí empezó a jugar más. En 18 encuentros jugó 1.167 minutos y convirtió dos goles; mientras que en el siguiente semestre actuó 503 minutos en 14 duelos.
Martínez en el torneo pasado sumó 1.054 minutos con Guadalupe, distribuidos en 21 de los 22 partidos disputados por su equipo; consiguió seis goles y generó tres asistencias.
Esta vez logró su cometido. Se quedó en Alajuelense y con su entrega, su esfuerzo y sus características ha sido muy regular en el equipo de Andrés Carevic.
Quizás, cuando se dio esa situación de pedirlo de regreso y dejárselo, nadie se imaginaba que sería el hombre que le daría la ventaja a la Liga en el partido de ida de la final contra Herediano.
La historia. Hay detalles sobre él que llaman la atención. Fue a los Juegos Nacionales de San Carlos en 2015 y poco tiempo después acudió a la Olla Mágica con un equipo de su pedacito de tierra —como él le dice a la isla más grande del Pacífico costarricense—, para hacer un colectivo contra Puntarenas FC.
Él fue con la idea de que se trataba de una mejenga, una de tantas, como las que hacía a menudo y casi a diario después de las 4 p. m., cuando salía del colegio en Chira.
Wálter Centeno estaba a cargo de los chuchequeros en esa época y, al verlo, sabía que no lo podía dejar ir. A Paté le gustó ese muchacho tan atrevido con el balón, técnico y rápido.
Le dijo que volviera, porque estaban haciendo pruebas en el equipo y pasar ese examen práctico en la cancha no le resultó nada difícil.
Viajaba en lancha durante 70 minutos para trasladarse de la Isla de Chira hasta Puntarenas y luego tomar un bus que lo llevaba al Lito Pérez. Por comodidad, tiempo después se instaló en la casa club del PFC y luego optó por irse a vivir con un hermano a Barranca.
Marcelo Herrera lo vio jugar y lo convocó a la Sub-20 en 2016. Al acudir a las prácticas con la Selección juvenil alguien más le seguía la pista y era el entonces gerente deportivo de Alajuelense, Víctor Badilla, quien lo firmó con los manudos.
“Cuando empecé en Segunda tuve la oportunidad de ir a la Selección con el profesor Herrera y ahí me vio un personero de la Liga, Badilla. Hablamos y se dio la contratación”, había contado el futbolista.
Primero se integró al Alto Rendimiento de los rojinegros; luego lo mandaron a préstamo a la Liga de Ascenso con Palmares, retornó a Alajuelense y los últimos torneos los había jugado cedido a préstamo con Guadalupe.
La Liga lo quiso de vuelta. Este miércoles apareció en un momento importante, en una final y pone a los rojinegros a soñar con el fin de la sequía.
