A fin de cuentas, nada es para siempre (como el título de la película). Esto de los técnicos se parece a lo del perro flaco: tarde o temprano se le pegan las pulgas. Ninguno se salva, por más laureado, como bien sabe Óscar Ramírez.
Cansados de ganar, los liguistas ya no solo querían el título, sino un juego vistoso. En el intento por lograr las dos cosas y al desamparo de la suerte (que otras veces lo acompañó), Ramírez no ganó ni una ni la otra, recogió sus cosas y se fue a matar las pulgas a su modo. Aún le quedan algunas cuantas y nadie ha logrado sacarlo de su remanso, ni siquiera la oferta de la Sele , donde tan bien caería su fútbol efectivo.
Mientras el Macho decide, los manudos hoy cifran esperanzas en la debutante Liga de Torres. Con el colombiano, la pelota rueda más y vuela menos, va más de pie a pie y evita la jugada dividida, promete gustar y ganar. Al final, como hasta las pulgas saben, lo que importa es llevarla al fondo del marco más veces que el rival.
Lleva ventaja Jeaustin Campos, en su tercer torneo consecutivo al mando de los morados. Los técnicos, sin embargo, son como los directores de orquesta: dependen en buena medida de la calidad de los músicos. Con su plantel completo, Saprissa tiene para ser campeón, pero bastaría un resfrío a sus dos mejores violinistas para que algo falle en la melodía.
Por plantel y técnico, es Herediano el llamado a revalidar. Odir Jacques ya no es el loco de “¡todos al ataque!”. Su reto ya no es táctico. Experto en la recta final, emergente perfecto, capaz de convertir un equipo titubeante en campeón, enfrenta una extraña estadística: de seis torneos en lo que inició como técnico, solo en dos se mantuvo en el puesto hasta el final.
Esto de los técnicos es un poco caprichoso: el triunfador de hoy es el derrotado de mañana. Todos –a su manera– saben matar las pulgas; lo que no se puede predecir es cuándo se les escapa una.