Por qué no pueden convivir el miedo, la sensatez y las contradicciones, aún en un técnico tan coherente como el de Alajuelense, Albert Rudé. El recién llegado al banquillo tiene al mismo tiempo culpa y mérito en el marcador, librado de lo que pudo ser una derrota definitiva, con apenas el 2 a 1 en contra, el partido en casa por delante y la posibilidad que le da el reglamento de ganar la serie con un simple 1 a 0 (¿dije simple?).
En sus cambios había miedo, aunque puede ser que me equivoque. El miedo a 45 minutos por delante, con un hombre menos, en un partido que aún jugado once contra once no le había favorecido. El ingreso simultáneo de Alexis Gamboa y José Miguel Cubero en lugar de sus más vertiginosos volantes no permite muchas interpretaciones: apostó a atrincherarse, a costa de mirar el marco del arquero saprissista Aarón Cruz allá a lo lejos, casi llegando al centro de San José. Apostó a defender un 1 a 1 enchapado en oro, que apenas le duraría nueve minutos después de los ajustes. Entonces, apostó a la derrota menos dolorosa.
No iba reconocerlo en conferencia de prensa. En vez de decir: ‘aposté a perder por poco’, explicó los cambios como el ingreso de jugadores con roles y funciones que “en ese momento necesitamos”. Por supuesto: reparar el boquete de la expulsión tenía caracter de urgencia, con hombres como Gamboa o Cubero, pero no todas las soluciones pasaban por sacrificar a los más desequilibrantes.
Así, la Liga quedó destinada a la titánica misión de defender, defender y defender sin la pelota ni muchas opciones de contraataque (nada más lejano a dosificar las cargar que andar marcando y corriendo sin balón detrás del rival). El veloz Gabriel Torres ya estaba metido atrás ayudando a cerrar portones, mientras Marcel Hernández, aunque no es lento, anda una velocidad por debajo.
Entonces, ahí sí Rudé tuvo la sensatez de incluir a Alex López y Carlos Mora, 19 minutos después de haber renunciado al ataque; al menos le permitieron, como el mismo dijo, “defender con balón”.
Hasta aquí, puede ser tan criticable como plausible la apuesta, sobre todo ante el marcador no tan desfavorable, si bien sigo pensando que podía y tenía con qué resguardarse sin renunciar a Alonso Martínez ni a Aarón Suárez o al menos conservando a uno de los dos en el campo. Cuestión de opiniones, en esto de que somos técnicos.
En cambio no encuentro compatible por ningún lado enogullecerse de una plantilla “tan amplia y de tanta calidad” como la de Alajuelense y asegurar en la misma conferencia de prensa que los cambios correspondieron a la necesidad de manejar cargas para el partido venidero. Saprissa, con menos plantel, tuvo que usar 85 minutos a Christian Bolaños y en todo el partido a Jimmy Marín. No imagino a Iñaki Alonso, ni a nadie, sacándolos en el minuto 54′ de una final. Así se disputan los títulos. Quien dosifica mucho a sus mejores hombres en estas intancias, corre el riesgo de que sea para el próximo torneo.