En Fredrikstad, Noruega, el preparador físico da las instrucciones en inglés, al inicio del entrenamiento. Igual en Copenhague (Dinamarca) o en el Aalesund noruego: el técnico grita las órdenes en la lengua de Shakespeare.
Saber inglés hace una gran diferencia para los jugadores que se vinculan a clubes europeos. Nada más hay que imaginarse estar en medio de la cancha, o en una charla técnica, escuchando indicaciones en idioma desconocido.
Algunos legionarios ticos, como Celso Borges o Junior Díaz, hablan perfecto inglés y no tienen problema para comunicarse. Más bien aprovechan la experiencia para aprender un tercer idioma, como el caso de Junior, que estuvo cuatro años en Polonia.
Gilberto Martínez tuvo problemas al inicio de su travesía europea, pero ahora habla italiano con total fluidez. Conoce los giros idiomáticos y puede ver televisión o dar entrevistas sin depender de su español materno.
Pablo Herrera lleva más de un año en Noruega y ya superó en gran parte la barrera del lenguaje. Le ayuda a su compañero Michael Barrantes, que acaba de aterrizar en el Viejo Continente.
“De momento no conozco mucho de inglés pero ahí voy aprendiendo”, comentó Barrantes, quien en el pasado aprovechó unos cursos que Saprissa les dio a sus jugadores de Primera.
Si el entrenador Anders Grönhage hablara únicamente en noruego, le entendería solo la mitad del plantel. Debe utilizar el inglés para llegarles a los futbolistas.
Manejar el lenguaje más universal ayuda en las áreas no futbolísticas. En Europa prácticamente toda la población habla inglés, así que es la herramienta indispensable para hacer las compras del supermercado, ordenar comida en un restaurante o activar el teléfono celular.
También ayuda a insertarse rápido en la cultura: hablar con los vecinos y leer el periódico.