
El ADN de Dennis Marshall tenía el futbol incorporado gracias a papá Dennis y tío Óscar (trágicamente desaparecido), seleccionados nacionales entre lo años 70 y 80.
Marshall, sin embargo, le hizo una gambeta a los genes futboleros y se decantó por los libros; por eso, a los 18 años de edad se vino a la capital para estudiar.
“Es que mis papás siempre me inculcaron que tenía que tener una carrera universitaria”, comentó hace apenas dos años, cuando su carrera empezaba a tomar vuelo.
Mamá Irma fue la que lo convenció de que futbol y estudios se pueden combinar. Nada como una madre para convencer a un hijo.
Llegó al Alto Rendimiento de Limón, que dirigía su papá, y ahí le tomó el gusto a la disciplina futbolera, aunque le costó...
Cuando le agarró el volado, la carrera del defensor creció: llegó en el 2007 a la Primera, con el equipo del otro puerto: el Puntarenas F. C.
De los naranjas pasó al Herediano; del rojiamarillo se mudó a Dinamarca con el Aalborg, con el consiguiente paso por la Selección.
Todo en cuestión de cuatro años y con el título de Administración de Negocios bajo el brazo (aunque su primera opción fue la Ingeniería Industrial). Luego ingresó a la maestría de esa misma profesión en la Universidad Fidélitas
Con la actual Tricolor, se convirtió en uno de los habituales, de modo tal que ajustó 1.070 minutos.
Acá era defensor central, como su padre; pero durante su carrera profesional jugó como lateral izquierdo y volante de contención. En mosquitos fue atacante.
“Sueño con jugar en Inglaterra, si uno hace las cosas bien las posibilidades pueden abrirse en poco tiempo”, expresó Marshall el año pasado cuando
La fragilidad de la vida lo sorprendió ayer y le dejó los sueños sobre el asfalto de una de las carreteras más peligrosas del país.
Marshall llegó tarde a la Primera por su decisión de estudiar. Se fue temprano por una tragedia.