Esteban Valverde. 6 julio
Jonathan McDonald en un partido ante Herediano en el Rosabal Cordero. Fotografía José Cordero
Jonathan McDonald en un partido ante Herediano en el Rosabal Cordero. Fotografía José Cordero

La directiva de Alajuelense cometió este lunes 6 de julio su principal error, yo bien lo definiría como un horror. Atrás quedaron las dos finales perdidas, eso no es nada comparado con la garrafal falla que cometieron en alguna oficina, a eso de las 5:30 p. m., cuando decidieron finiquitar a Jonathan McDonald.

Los erizos sirvieron en bandeja de plata un plato exquisito para cualquier equipo. Dejaron en el mercado una ganga, un goleador de esos que ya no hay. Uno en extinción, devorador del área y terror del marco rival. Un jugador que en cuatro de los últimos ocho torneos consiguió superar la decena de dianas.

Pero es que más allá de sus buenos números hay que tener en cuenta que la Liga hoy golpeó fuerte a una de sus últimas grandes figuras. Un jugador que uno imaginó solo con esa camisa por el resto de su carrera, un futbolista totalmente identificado como liguista. Bien lo pueden reafirmar los saprissistas.

McDonald en el Ricardo Saprissa causaba un efecto similar al que hacía Wálter Centeno cuando pisaba el Morera Soto. Nadie lo quería, solo habían silbidos en su contra, pero muchas veces eso se convirtió en música para despertar la inspiración.

Con la salida del '19' se van los 17 goles en clásicos nacionales. Con la salida de Jonathan se va el máximo anotador en clásicos para los manudos. Con la salida del romperredes se va el principal dolor de cabeza del archirrival, Saprissa.

Un hombre con esos números mereció una mejor salida, también mereció más logros grupales, porque solo consiguió dos campeonatos, no obstante me atrevo a asegurar que su historia con la rojinegra no estaba escrita por completo. Un horror de cabeza caliente, porque solo así usted deja ir a su principal referencia ofensiva para que otros lo aprovechen, es lo que cometieron una junta que apenas acumula dos subcampeonatos en su gestión; ellos olvidaron la esencia de los grandes ídolos para dejar ir uno.

No es el primero que se va así, porque también Wílmer López, como técnico de divisiones menores corrió una suerte similar, aunque ahora esté pulseándola en el área de mercadeo.

¡Qué error don Agustín! ¡Qué error don Fernando Ocampo! Si quieren redimirse deberán apostar por fichajes de peso para salvar un poco la torta. Les dejo recomendaciones: Óscar Ramírez, Bryan Ruiz, Marcel Hernández, sí de ese nivel hablo. Empero no será suficiente. Ahora más que nunca su liderazgo debe entregar un título en diciembre, de lo contrario ustedes mismos deben ser conscientes que irse será la mejor opción.

Todos acarrean su responsabilidad y llevarán una parte de la cruz de la culpa; al menos hasta que llegue el título, ahí con suerte la afición olvide más no sé si perdone. Yo seguiré pensando, con 30 o sin 30, que dejar ir a McDonald es un ‘horror'.