
El ruido de la máquina imposibilitaba hablar. La marqueta de hielo quedó reducida a granito en una hielera de un aficionado saprissista que desde temprano salió a celebrar el triunfo de su equipo.
Allí, frente a mí, tenía la urbanización Las Orquídeas. Allí en ese complejo habitacional, Alejandro Sequeira viviría ayer un amanecer diferente.
El Matador recibió el soleado domingo entre halagos de la prensa y de las dos más grandes aficiones del país, que recordaban ayer la anotación del media punta que marcó la noche anterior en el clásico, la diferencia a favor de Saprissa.
Estaba entre dormido y despierto. Lo habíamos levantado después de una noche sabatina, diferente como el amanecer iluminado por los nuevos rayos de esperanza para este jugador de 20 años.
"Disculpen, no estoy para foto", fueron sus primera palabras al recibirnos en su hogar en Cinco Esquina de Tibás, en una barriada que aún dormía cuando llegamos al filo de las 7:45 a.m.
Un poema "Siembra esperanza" se levantaba sobre la cabeza del centrodelatero saprissista en la sala de su hogar, donde su hermano Douglas finiquitaba, por teléfono, los últimos detalles del paseo dominical programado para las 9 a.m.
Esa esperanza, al igual que los rayos de sol filtrado a travás de la cortina de la sala, comienzan a alumbar un futuro promisorio al marcar su primer gol de la temporada y el primero en sus cuatro clásicos disputados.
Mileska, su novia, se lo había robado el sábado en la noche, cuando revivió la ilusiones de un puño de corazones morados ilusionados como el de su amada, tras vencer con su gol a su máximo rival, Liga Deportiva Alajuelense.
--¿Cómo amaneciste?
--Un poco cansado. Anoche (sábado) salí con Mileska, mi novia, y despues regresé a casa. Siento un golpe aquí (muslo de su pierna derecha) y la rodilla (izquierda) no me duele tanto. La tenía lesionada y no sé cuántas veces me han golpeado. Creo que me duele por la falta de continuidad.
--¿Temías no jugar el clásico?
--El Chiqui (Luis García, entrenador de Saprissa) me dijo en la semana que, si me recuperaba, jugaba el sábado. Entrené poco durante la semana y el viernes participé en el colectivo con el grupo.
La entrevista se interrumpió dos veces. Douglas, defensor saprissista, seguía con los planes del paseo. Estaba preocupado porque Nelson (un amigo) no tenía cómo viajar.
--¿Qué recuerdas del gol?
--Morera (Giancarlo) centró al área y Try (Bennett) remató a marco. La pegó bien y yo la desvié. Recuerdo que tenía cerca a Nahamán y me anticipé. Fue mi primer gol del Campeonato y el primero de un clásico. Lo había buscado y por fin llegó.
--Ese gol, ¿vale muchas cosas?
--Espero que sea el inicio de una nueva etapa. Vale mucho por la situación en la que nos encontrábamos, por hacerlo frente a Alajuela y por ser el primero en la temporada. Try le pegó bien.
Douglas había dejado resuelto el problema de Nelson, aunque no le comunicó a Alejandro cómo lo hizo. En la casa, los otros miembros de la familia comenzaban a levantarse. Doña Míriam, la madre, preparaba el desayuno. Faltaban pocos minutos para las 9 a.m.
--Siento que ya pagaste el alquiler de piso.
--(Sonríe). La experiencia en Belén me hizo madurar. En la época Linaris era difícil jugar. A veces jugaba y descansaba hasta un mes en la banca, por lo que decidí hacer las gestiones para ir a Belén.
--¿Madurar en qué tipos de experiencias?
--Como el saber que no estás en el liderato. Saber que si no entrás entre los ocho el Campeonato se termina para el jugador. Vivir cómo los árbitros asumen posiciones diferentes cuando están frente a una afición grande. Y el querer jugar. Quería jugar y ser titular. Juan Luis Hernández me dio la oportunidad.
--He visto que juegas en una posición que no es la tuya.
--Ahora estoy un poco más retrasado. Voy, colaboro en el mediocampo, con mi defensa y proyecto. Eso me permite tener mejor visión y recuperarme físicamente. Antes por la inactividad corría y me cansaba más, ahora ya tengo ritmo, sin embargo, me hace falta ese olor en el área, sentir que tengo un defensa sobre mis espaldas y estar allí cerca del gol.
La historia de Alejandro en los equipos como Saprissa, al que llegó en su primera división en 1991 o en Belén donde estuvo la tempora anterior, tiene un abismo entre el cielo y la tierra. "Mami, ¿en que año llegué a la primera división?", le pregunta a su madre. "En el 91, con Josef Bouska", responde doña Míriam desde la cocina.
--Si me equivoco, me corriges, creo que tienes más partidos internacionales que locales.
--(Piensa un momento y con gran seguridad responde). Tengo unos 100 con selecciones nacionales y muy pocos en el campeonato local. Desde infantil estoy con la Selección y vamos a ir a buscar un lugar en Atlanta.
--¿Cuál es tu mejor recuerdo en tu carrera en el futbol?
--Ganar la medalla de oro en los Juegos de Ponce, en Puerto Rico. Llegar aquí y con una edad menor sentir que la gente te felicitaba por lo que habías hecho. Fue algo grande sentir eso a tan corta edad.
Me preparo para lanzarle la siguiente pregunta, pero la presencia del pregonero no me dio tiempo. "Tome, aquí le dejo" --y le entregó dos matutinos--. "Déme La Nación, también...", le pide Alejandro. "Tome --le dice el repartidor de periódicos--, lea El Sepulturero".
--¿Tu pesadilla como futbolista?
--Tengo muchas, pero hay una. Fue en El Salvador. Regresamos de Ponce con la medalla de oro y nos vamos a Los Centroamericanos, donde eran menos equipos y más fácil. Terminamos cuartos. Recuerdo que pudimos mejorar, pero jugamos contra Honduras y perdimos. Esa noche estábamos para ganar porque fallé un penal y Gómez, otro. Simplemente, con el oro nos confiamos.
--¿Qué representan para usted Try, Douglas, Nelson, los Droumond y otros jóvenes más que hay en el Saprissa?
--Representan la respuesta de que en Saprissa hay buenos jugadores en sus ligas menores y es la nueva sangre que viene.