Ignoro si exhaló el último aliento o tan solo convalece en las posibilidades del torneo nacional. Por mí que descanse en paz la “Claúsula del miedo”, esa precaución para no tener en contra al jugador propio, cuando a pŕestamo con otro club le llega el día de enfrentarse.
Con gusto le llevo flores a su nicho. También se las lanzo sin mezquindad a la Liga, si definitivamente deja de lado lo que alguna vez provocó que Jurgens Montenegro, entonces vestido de brumoso, no pudiera enfrentar a su Alajuelense.
Aunque aplicada en España y donde a usted se le antoje, no deja de parecerme una condición cobarde y nociva a la hora de ceder a un jugador temporalmente. Se inhabilita al jugador justo en el partido en que más ganas tiene de mostrarse, de decir ¡aquí estoy!, ábranme campo para el próximo torneo. Se le impide crecer en un duelo contra un equipo grande. ¿Acaso no es ese el sentido de los préstamos: el crecimiento del jugador? ¿Qué mejor oportunidad para verlo? La “Cláusula del miedo”, en cambio, prefiere los tres puntos que invertir 90 minutos en su futbolista, urgido de experiencia o de oportunidad (por algo lo prestan).
La “Cláusula del miedo” es además una oportunidad para la competencia desleal, tentación para el club grande que fortalece al chico contra los demás rivales.
No es, por supuesto, invento o exclusividad de Alajuelense, tampoco su práctica recurrente, aunque el cuadro manudo provocó esta columna.
Luego del desacertado episodio con Jurgens en sus tiempos de brumoso, el delantero tuvo la oportunidad de enfrentar a la Liga como préstamo en Jicaral. Menos tiempo tuvo que esperar el recién cedido por los rojinegros a San Carlos, Jefry Valverde, figura de los Toros del Norte en la aún fresca victoria sobre Bryan Ruiz, Álvaro Saborío y demás flamantes líderes.
Cuando leí “La ficha de Alajuelense a préstamo en San Carlos fue un dolor de cabeza para la Liga”, nota de nuestra periodista Fanny Tayver, me resultó inevitable recordar la insensata decisión que un día limitó a Montenegro. Me resultó inevitable reconocer el acierto manudo con la lección aprendida. Hoy tienen a un muchacho con más confianza que en la semana anterior.
De ser así, ‘felicidades’ a quienes aprenden y mi más sentido pésame a cláusulas cobardes.

