Bryan Oviedo aseguró no sentir temor cuando juega. El lateral izquierdo sufrió un calvario por 10 meses, mientras se recuperaba de la fractura de tibia y peroné que vivió en enero.
Oviedo es claro: el recuerdo de la lesión espera eliminarlo poco a poco, ya que con honestidad acepta que se complicó más de lo que pensaba y pasó por momentos muy difíciles.
“En mi caso no hay inseguridad con lo que pasó. No tengo ningún miedo de la lesión, ya se me olvidó, la verdad, de momento solo quiero hacer las cosas bien”, afirmó el zurdo.
Bryan cuenta que analizó la situación y aprendió a valorar mucho mejor la oportunidad que tiene de practicar el fútbol.
“Fue un tiempo muy largo en el que sufrí mucho y mis familiares también no la pasaron bien. Pasamos por cosas muy difíciles, pero ya ahora lo pasado se olvida y hay que disfrutar de jugar y hacer deporte”, describió.
El tico vivió tres recaídas de la lesión, el dolor le jugó una mala pasada y extendió la recuperación de 180 días a casi 300. Así no pudo disputar un encuentro en plenitud de condiciones.

Marca emocional. También pasó por un golpe en su estado anímico, el cual tuvo su punto más crítico cuando decidió no asistir a la Copa del Mundo de Brasil.
“Creo que sí es la lesión más difícil y el momento más complicado deportivamente, sobre todo porque no siempre se va a un Mundial y yo no pude. Pero de esto aprendo que lo más importante es levantarse”, enfatizó.
El jueves Bryan volvió a jugar con el Everton, disputó 90 minutos poco determinantes para la institución pero trascendentales para él. Oviedo probó que ya puede volver a la alta competencia sin mayor inconveniente.
¿Dolor?, todavía percibe un poco, pero cuenta que es normal, ya que la fatiga lo ataca por la falta de ritmo de juego.
“Sí he estado cansado, porque tengo mucho tiempo de no jugar, pero emocionalmente puedo decir que estoy muy feliz de estar de vuelta jugando y disfrutando en una cancha”, valoró.
Las claves para no decaer en momentos de flaqueza son sencillas: apoyo familiar y confianza en Dios. Además, no esconde que pasar parte de su rehabilitación en Costa Rica fue de gran ayuda para despejar la mente.
“Siempre estar cerca de Dios es lo que más me ha ayudado. Ver a mi hijo, mi esposa, hermanas y mamá me dieron mucha fuerza en ocasiones”, concluyó.