Álvaro Saborío fue clave en el último clásico nacional. El delantero rojinegro ingresó de cambio para poner el 1 a 1, momentáneo, entre morados y manudos en el Ricardo Saprissa, el mismo escenario que en febrero del 2017 lo vio salir por la puerta de atrás.
Tres años después de aquel episodio, Saborío volvió a la Cueva para festejar con todo su diana. Frente al banquillo morado se elevó por los aires y mandó un puñetazo con fuerza; mientras los suplentes morados, en su mayoría juveniles, lo miraban con impresión.
Una noche de febrero del 2017, el histórico atacante decidió ponerle punto final a su carrera (pese a que después siguió) luego de recibir insultos de parte de la afición local. Ese día la situación con los seguidores fue la gota que derramó el vaso en un futbolista que ya daba señales de cansancio.
El delantero vivía contrariado por el cambio de vida que tenía: recién había decidido acabar con su etapa de legionario, también volvía a vivir en Costa Rica y en su familia, su segundo hijo, apenas tenía cuatro meses de nacido.
Por otra parte, desde finales del 2016 resentía una serie de dolores en una de sus rodillas que lo hacían pensar en que el martirio de las dolencias lo volverían a atacar.
Ya en Saprissa la idea fue manejarlo con cuidado, sin presionarlo, empero la presión por verlo en el campo provocó que fuera agarrando minutos antes de lo previsto.
La rodilla del futbolista no estaba bien, en la ‘S’ lo continuaron usando; el jugador empezó a cuestionarse si era lo idóneo seguir y en medio de ese encontronazo de pensamientos vino la experiencia que provocó su salida.
En sus adentros Sabo discutía con él mismo, ni siquiera habló con su esposa, Carolina Quesada, quien aceptó que la decisión fue sorpresiva hasta para ella.
“Él estaba en Saprissa tranquilo, pero pasaron cosas y esa noche me llamó y dijo: ‘no vuelvo a Saprissa’. Solo eso me dijo y fue una sorpresa para todos... El carácter de él es así y cuando toma una decisión es en serio, la palabra de él la mantiene contra todo y yo sabía que eso se había acabado”, relató.
Álvaro el 9 de febrero en un encuentro entre Saprissa y Belén entró al camerino como un toro enfurecido, no soportaba los insultos contra su familia. Conforme pasó el tiempo fue calmándose y varios de sus compañeros le hablaron para bajarle el tono a la situación. Al final lo lograron.
Ya cuando varios habían partido hacia sus hogares, el goleador tomó sus cosas, entró a la oficina del director técnico Carlos Watson, quien se encontraba con Paulo Wanchope, entonces gerente deportivo saprissista, y sentenció: ‘Agradezco la oportunidad, pero ya no vuelvo más, me voy’.
La decisión dejó atónitos a Watson y Chope, quienes buscaron la forma de retenerlo, pero era tiempo perdido.
“Algo sucedió en el campo que yo no me di cuenta, él se calmó en el camerino, pero ya cuando varios iban saliendo, él llegó a la oficina y explicó que no iba a seguir. En la oficina estaba Paulo. Yo traté de convencerlo de que no, pero él tenía la decisión tomada. Agarró sus cosas y se fue”, recordó Watson.
El jugador volvió al día siguiente para despedirse de sus compañeros, ante esto se dio un nuevo intento por retenerlo, ahora de Paulo César Wanchope, pero no funcionó.
Un mes duró el regreso de Sabo a Tibás y aunque la salida fue repentina sus más cercanos consideran que ha sido de las decisiones más sanas para el futbolista, porque dejar de vestir la morada le quitó presión y le permitió desintoxicar su mente.
El exseleccionado nacional se fue para San Carlos y dejó atrás las incomodidades que vivía en aquel momento, cuando ni siquiera podía ir al supermercado con comodidad porque ya alguien tenía un comentario inapropiado.
Tres meses tardó Álvaro con una nueva rutina: se dedicó a readaptarse físicamente por medio del CrossFit y luego se iba a trabajar a su finca. No veía noticias, menos leía periódicos y solamente tenía mente para su familia, su trabajo y sus ejercicios.
“Se desentendió de todo, de todo, nada más se dedicó tres meses a la finca y entrenaba todos los días como un ‘caballo’, todos los días durante tres meses duraba dos horas haciendo los ejercicios y de un pronto a otro desaparecieron los dolores y empezó a volver a sonreír”, recordó Erick Rodríguez, su terapeura físico.
Sergio Chaves, presidente de San Carlos, se dio cuenta de que tenía a Saborío en su tierra sin practicar fútbol, por lo que decidió hacer una cita con él y el alcalde de San Carlos, Alfredo Córdoba.
“No quería nada, le pasé diciendo que nos ayudara, me reuní con el alcalde y lo convencimos, nos pusimos de acuerdo, más bien le dije que tenía que pagar por jugar con nosotros (risas).. Yo lo convencí a puro sentimiento, no fue mucho lo que hubo que hacer, él tenía el espíritu renovado”, revivió con las palabras.
Ahora que se dio el paso a Alajuelense, Chaves reveló que la idea de Álvaro era retarse nuevamente, porque con San Carlos ya había llegado a un techo.
“Cuando se dio lo de la Liga me dijo: 'es otro anhelo y otro reto, algo que quiero”, dijo Chaves.
En la Liga, Álvaro está sintiéndose sumamente competitivo, el atacante tiene un hambre por ser campeón como si estuviera disputando su primer título y contrario a lo que muchos piensan hoy tiene más en la mente jugar más tiempo con la Liga que cerrar su libro deportivo. A las puertas de los 39 años, el romperredes recuperó la sonrisa y ante Saprissa sencillamente explotó al anotar.
