
Recién llegó esta temporada al Team y se ganó la titularidad en la zaga gracias a su versatilidad, pues ha jugado de lateral derecho y central por la derecha y por la izquierda. Pero más allá de su buen momento en el balompié nacional, dentro de la camiseta rojiamarilla hay un futbolista que asimila con madurez su presente.
"Ha sido un cambio muy lindo, muy positivo para mí y mi familia, de hecho el día del partido contra Tigres era mi primer juego en Concachampions y en ese momento se me vinieron muchos recuerdos de lo que he vivido y todo lo que me había pasado antes cuando estuve buscando trabajo y no recibía salario y el descenso", comentó Miranda a La Nación.
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Uno de los momentos más duros que vivió Miranda fue a mediados del 2011 cuando jugaba en Barrio México y trabajaba en un call center para subsistir.
"Yo trabajaba en el call center en las tardes, en Western Union en Santa Ana, y jugaba en Barrio México. Entrenaba por las mañanas y trabajaba de 3 p. m. a 10 p. m. Me acuerdo cuando tenía que llegar a la casa con el tiempo contado, cambiarme e irme para mi trabajo. Fueron momentos difíciles", añadió.
Ya como jugador profesional de Primera División vivió el descenso con As Puma la campaña anterior, algo que calificó como un duro golpe.
"Pasé un momento difícil con el descenso, fue duro, porque uno quiere mantener su puesto y su trabajo. Después de eso estuve dos meses sin salario otra vez, sin equipo, pensando qué iba hacer de mí", recordó.
Fue en ese momento cuando Miranda recibió una llamada telefónica de un número desconocido, era el de la central del Club Sport Herediano para anunciarle que Jafet Soto, gerente general del club, quería conversar con él.
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“Me dicen que venga al estadio que Jafet ocupa hablar conmigo, cuando llegué me recibió Roberto Carpio, quien empiezó a presentarme a la gente que trabaja en la institución y me dice: 'él es el contador, él es el que le va a empezar a pagar'. Yo me sorprendí y esperé a Jafet, quien me dijo que me quedara en el club y que tenía que mejorar un par de aspectos. En ese instante me quedé sin palabras, no sabía si gritar, si reír o si llorar”, rememoró el zaguero.
Miranda no ocultó que en un momento pensó en dedicarse a otro oficio, pero mantuvo su fe intacta en poder ser futbolista de la máxima categoría.
"Fueron lloradas de desesperación, de querer tirar todo por la borda, pero ahora debo seguir adelante por mis hijos, Daniell mi niña de casi tres años, Alessandro de año y siete meses y Luka de cinco meses", concluyó el defensor de 28 años.
