Estar cuesta arriba, en boca de todos, dejando puntos en el camino y con un equipo intermitente que si avanzaba, al día siguiente se devolvía y hasta otro paso hacia atrás. Así era la escuadra eriza del español y que se asemeja a la actual con Wílmer López

Por: Fanny Tayver Marín 25 octubre, 2017
Alajuelense acumula cuatro derrotas en fila.
Alajuelense acumula cuatro derrotas en fila.

Estar cuesta arriba, en boca de todos, dejando puntos en el camino y con un equipo intermitente que si avanzaba, al día siguiente se devolvía y hasta daba otro paso para atrás.

Así era la Liga de Benito Floro en el torneo pasado, la que no clasificó a la cuadrangular y la que era muy predecible.

Ese fue su comportamiento en el inicio de este Apertura, en el que el asturiano dirigió cuatro partidos y también se dio en la Liga Concacaf, donde fracasó en el primer round contra el Olimpia de Honduras.

Con el cambio de timón, Alajuelense recobró signos vitales en su juego, al menos en el inicio de la era de Wílmer López.

La Liga del Pato descubrió su rostro, se le cayó el maquillaje y se muestra muy similar al equipo de Benito, tras perder sus últimos cuatro partidos.

El periodista Christian Sandoval destacó, en sus redes sociales, que esta racha de la Liga sin puntuar es histórica, porque tenía 31 años sin perder cuatro juegos consecutivos por campeonato nacional, algo que había ocurrido en la temporada 1985-1986.

Al repasar las estadísticas de La Nación, en cuanto a rendimiento, hay similitudes, porque con un triunfo, dos empates y una derrota, la Liga de Benito tenía un desempeño del 41,66%.

Como domador del León, el Pato registra cuatro empates, cuatro victorias y cuatro derrotas, con 16 puntos y un rendimiento del 44,44%.

El asturiano siempre fue fiel a su sistema con un solo atacante y, en promedio, los rojinegros lanzaban 4,75 remates directos y 5,75 desviados por partido.

López cambió la fórmula con una propuesta más ofensiva y dándole a Jonathan McDonald un socio de ataque, pero su equipo saca en promedio 4,41 tiros directos y 4,83 desviados por encuentro.

Floro era rígido y hermético en su once; casi no hacía cambios, como en defensa, que sus centrales eran Seemore Johnson y Jameson Scott.

También le tenía confianza absoluta al estadounidense colombiano Iván Luquetta, a quien puso a jugar como lateral derecho, a pesar de que el futbolista dice que es volante de llegada o delantero.

El español estaba disconforme con José Luis Cordero, tenía a Kenner Gutiérrez en el medio del campo, casi no le daba espacio a los más jóvenes y aplicaba un sistema de marcaje en zona que le costó muchos puntos al equipo en acciones de bola muerta.

Wílmer inició labores motivando al equipo, plasmando la idea de que no había titulares ni suplentes y que hasta los que estaban relegados al olvido tendrían la oportunidad de mostrar sus condiciones y luchar por un puesto.

La primera medida se dio desde la práctica de inicio en el Centro de Alto Rendimiento en Turrúcares, cuando sacó a Kenner Gutiérrez del medio y lo mandó a entrenarse con la defensa para acabar con los huecos atrás y que ejerciera el rol de central con Darío Alfaro.

También sacó de la formación estelar a Pablo Gabas.

Cuando Óscar Ramírez se llevó Patrick Pemberton, Gutiérrez y José Salvatierra a la Selección Nacional, el Pato puso a jugar a Adonis Pineda, Álvaro Aguilar y Seemore Johnson, como carrilero.

Aguilar ni siquiera era suplente con Benito y a Wílmer le respondió con goles; situación similar a la de Jake Beckford, quien pasó del palco a convertirse en el contención estelar.

El equipo entró en una especie de relajamiento, pagando un precio alto, porque al comenzar a perder, la Liga que parecía que se había encarrilado salió de zona de clasificación y en este momento marcha en la sétima casilla con 21 puntos.

Contra Santos, pero principalmente ante Carmelita, la defensa manuda se agrietó y su medio campo se trabó.

Alajuelense funcionó distinto en la casa de Herediano, pero quedarse sin Jonathan McDonald por acumulación de amarillas (45') cambió el rumbo de un juego que los erizos ganaban 1-2 y que en el último minuto sucumbieron 3-2 contra el flamante campeón.

El Pato salió esperanzado del Rosabal Cordero, pero tres días después, en el Morera Soto, la Liga volvió a perder, esta vez contra Guadalupe.

Con sinceridad, el ídolo y el técnico, el hombre que manda tanto en el camerino como en la cancha puso a cada quien en su lugar, al decir públicamente que el problema de esta Liga es que se comporta como equipo pequeño, que solo le juega bien a los grandes y que muchos de sus dirigidos no se han dado cuenta o se olvidaron de que están en Alajuelense.

En cuanto a efectividad, los rojinegros marcaron cinco anotaciones en sus primeros cuatro partidos, para un promedio de 1,5 goles por encuentro disputado.

La Liga no tenía mala puntería, pero con las derrotas, apareció la sequía y se reactivaron las dudas, los problemas y el retroceso en la tabla.

Con el Pato, son 20 tantos en 12 juegos, es decir, un promedio de 1,6 goles por duelo.

La gran diferencia visible entre Floro y López es que el Pato sí cree en los jugadores hechos en casa y les da más rodaje, porque aparte de Darío Alfaro, el estratega les da minutos a Harry Rojas y Barlon Sequeira.

Inclusive, su propuesta inicial era con Bryan Jiménez titular.

Pero en realidad, prevalecen las semejanzas.

Cuando la Liga de Benito no clasificó a la cuadrangular, la dirigencia apostó por su continuidad.

Falta el desenlace de Alajuelense en este Apertura y lo que ocurrirá con el Pato, si clasifica o no.

Sin embargo, el directivo Federico Calderón aseguró que el puesto de Wílmer López no está en duda.