Fiorella Masís. Hace 2 días

Adonis Pineda lloraba mientras su papá le decía que no jugaría más como futbolista de campo y solo lo dejaba ser guardameta.

Así empezó la historia del rojinegro con la portería, sin saber que tiempo después sería su gran amor.

Era un niño de 8 años, apenas daba sus primeros pasos en el fútbol, en las mejengas de su natal Hojancha, en Guanacaste.

Adonis Pineda durante la celebración de un cumpleaños, en Guanacaste. Foto: Cortesía Jenny Castrillo
Adonis Pineda durante la celebración de un cumpleaños, en Guanacaste. Foto: Cortesía Jenny Castrillo

La decisión de su padre tenía una razón: Adonis había vivido varios episodios de desmayo y taquicardia y no querían verlo agitado, corriendo en la cancha.

“Él lloraba, porque quería jugar en el campo. Mi marido hizo un trato con mi hijo, que se hiciera portero y él le compraba los guantes”, recordó la mamá de Adonis, Jenny Castrillo.

En ese momento a Pineda le habían detectado un padecimiento llamado síncope, que es la “pérdida repentina del conocimiento y de la sensibilidad, debido a la suspensión súbita y momentánea de la acción del corazón”.

El diagnóstico parecía alejarlo del fútbol, pero más bien terminó por acercarlo a los tres palos. Luego de varios meses y sin tener mayores explicaciones, desaparecieron los síntomas y la enfermedad.

Adonis Pineda tuvo una buena participación en el clásico del pasado mes de octubre. Foto: Rafael Pacheco
Adonis Pineda tuvo una buena participación en el clásico del pasado mes de octubre. Foto: Rafael Pacheco

Su mamá no duda en calificarlo de milagro.

“Siempre tuve miedo de que fuera a morir, porque las cosas se complicaron, se desvanecía mucho, era de muy poco comer (ahora es todo lo contrario, dice entre risas). Un día decidimos ir a La Cruz, en Guanacaste, y una tía hizo una oración por él. Después fuimos a la cita en el Hospital de Niños y nos dijeron que ya no tenía nada. Por eso para mí es un milagro”, cuenta Castrillo.

Para ese entonces Adonis ya estaba enamorado de la portería. Pese a ser dado de alta, nunca más volvió a jugar en otra posición.

Al cumplir 14 años llegó a la Liga Deportiva Alajuelense, recomendado por su profesor, Erick Gómez, y ahora la que lloraba era su mamá, preguntándose si estaba tomando una buena decisión al dejar a su hijo menor en un mundo desconocido.

El guardameta vivió más de un año con una familia y después sus papás tomaron la decisión de que Castrillo lo acompañara. Ella pasó mucho tiempo viajando entre Guanacaste y Alajuela para llevar al adolescente a los entrenamientos.

"Fue muy duro, me vine porque no tenía tranquilidad", asegura su mamá.

Cuando el guanacasteco cumplió 20 años, su mamá regresó a Hojancha, pero sigue acompañando a su hijo durante días o incluso meses. Para ella es como un paseo.

Disfruta estar con él en el apartamento donde vive, en Desamparados de Alajuela. Atrás quedaron las lágrimas y preocupaciones.

A doña Jenny le angustiaba que su hijo tomara malos pasos cuando llegó a la Liga.

"Siempre ha sido un excelente hijo, pero me daba temor. Nunca fue de tener episodios de rebeldía o algo así y ahora con 22 años creo que ya no. Es una persona sin vicios, su vida es del fútbol a la casa", añade.

La tranquilidad de Adonis es casi igual en la cancha y fuera de ella. Estar a las puertas de su primera final y cerca de un título no lo hacen cambiar, aunque la alegría es evidente.

“Todos en la casa estamos muy felices por él”, finaliza su mamá, quien estará el domingo en el estadio junto a las hermanas y sobrinos de Pineda.