Deyver Vega no pudo sacarle todo el provecho a su vertiginosidad y desequilibro, ayer en el primer partido de la final ante el Herediano.
El zurdo tiene clara sus virtudes. Dispone de una velocidad que lo desboca y que complica la reacción del marcador y, quizás lo más importante, tiene un regate que le permite sacar ventaja en los primeros metros en uno contra uno. Sin embargo, esas condiciones no las logró explotar de lleno en el juego de ayer.
Vega marcó diferencia cuando pudo. Con su pie izquierdo sacó un buen tiro de esquina que terminó en la cabeza del volante Heiner Mora, quien aprovechó la complicidad del arquero rojiamarillo Leonel Moreira, quien tuvo una mala salida, para anotar.
Además, Vega tiene en su repertorio la sorpresa. Su mejor momento está en los primeros 35 minutos. Punzante y amparado en el desequilibrio, el futbolista es una sonda que alimenta a una delantera que está en un amorío con el gol.

Ariel Rodríguez y Daniel Colindres encuentran en Vega un revulsivo que constantemente golpea a una zaga hasta fisurarla con velocidad y desdobles.
En caída libre. No obstante, el ímpetu de Deyver Vega se desvanece conforme el reloj avanza. Es un señalamiento comprobado.
En la semifinal ante Alajuelense sucedió que a partir del 60’ el volante desapareció en caída libre hasta ser desapercibido.
En las estadísticas que La Nación lleva en cada juego, es evidente que las apariciones de Vega se apagan conforme el juego llega a su madurez.
“Hago un trabajo distinto; juego más libre, juego en varias posiciones y eso a uno le da mayor confianza. Ahora tengo más de libertad que antes y eso uno debe de aprovecharlo”, dijo Vega.
El jugador señaló que en las series finales no se puede regalar nada y que esa pueda ser una razón por la cual todo se da en los primeros minutos.