
El uruguayo Marcelo Otero (izquierda) remata y deja sin opción al defensor guaraní Juan Villamar. La pelota será desviada por su compañero Daniel Fonseca (caído).
Montevideo. La clase del capitán Enzo Francescoli, el Príncipe, se materializó ayer en un gol de antología que le dio la victoria a Uruguay ante Paraguay, además de la clasificación matemática para los cuartos de final de la Copa América.
La selección celeste, única que suma dos victorias en el grupo A, tuvo que emplearse a fondo ante un adversario muy bien plantado, que no escondió nunca la cara y que solo en la segunda parte fue superado en el estadio Centenario de Montevideo.
La inmensa calidad de Francescoli fue la diferencia en un partido muy intenso y en el que la lucha sin cuartel en el centro del campo imposibilitó que abundaran las ocasiones de gol y la brillantez en el juego.
Evidencias
Los problemas en el medio campo de los anfitriones en el debut contra Venezuela se volvieron a evidenciar ante Paraguay. Gustavo Poyet, Diego Dorta y Alvaro Gutiérrez no lograban enlazar con el ataque y las subidas por las bandas tampoco daban fruto.
Paraguay exhibió el nuevo estilo que le ha dado Ladislao Kubala. Los patadones se han cambiado por precisos engarces entre todas las líneas, aunque los ataques guaraníes nunca fueron muy peligrosos porque su oponente estaba bien armado atrás.
Jorge Luis Campos, el escurridizo extremo izquierdo que apabulló a México, prácticamente no tocó una pelota en la primera parte, férreamente vigilado por Gustavo Méndez. La única ocasión uruguaya había sido un tiro desviado de Poyet, hasta que en el minuto 13 surgió la gran clase del capitán Enzo Francescoli.
El jugador del River Plate argentino, que vive una plena segunda juventud, recibió de Daniel Fonseca un medido servicio dentro del área, paró el balón con el pecho, miró hacia adelante, congeló un instante el partido y mandó cruzado y raso lejos de las manos del guardameta Rubén Ruiz Díaz.
Guaraníes
Los guaraníes no se hundieron después del gol, pero el orden en el centro del campo no era correspondido por el ataque, donde José Cardozo y el mencionado Campos estaban maniatados.
La mejor ocasión de Paraguay en el primer período fue una internada por la derecha de Ríchard Báez, que cuando encaraba solo al portero Fernando Alvez, tropezó y se cayó.
Antes del descanso Fonseca gozó de otra opotunidad, aunque cuando se disponía a tirar se cruzó oportunamente Juan Carlos Villamayor.
La entrada de Rubén Sosa en la reanudación desniveló el partido claramente hacia Uruguay. El hábil Principito imprimió mayor rápidez al ataque celeste y sus combinaciones con Fonseca fueron muy aplaudidas, si bien el segundo gol no llegaba.
Fonseca remató en tres ocasiones sin puntería durante unos minutos en los que los paraguayos bajaron la guardia.
Sin embargo, en el minuto 73 el estadio Centenario se quedó mudo cuando un formidable cabezazo de Carlos Gamarra a la salida de un tiro de esquina fue repelido por el larguero. La pelota llegó a Edgar Denis, que acababa de entrar por Cardozo, y Alvez detuvo en la misma línea de gol.
Francescoli, con molestias en un pierna, recibió el justo premio a su trabajo cuando fue despedido con la mayor ovación de la tarde al ser sustituido por Marcelo Saralegui.