Sócrates, quien deslumbró al mundo del futbol con su elegancia para manejar el balón e impulsó la democracia a través del deporte en los años 80, llenó de luto al balompié luego de perder la batalla con su más enconado rival: el alcohol.
Fue el capitán de aquella selección brasileña que maravilló en España 82 y México 86, y que se quedó sin el título a pesar de partir como favorita al título; es para muchos el mejor combinado
El espigado mediocampista brasileño había reconocido su gusto por el licor, y confesó que bebía desde sus mejores años como futbolista. Fue tanta su adicción, que no pudo cumplir los seis meses de abstinencia requeridos para ser candidato a un trasplante de hígado, a pesar de que en agosto –al salir de una de sus visitas al hospital– se mostró decidido a recuperarse.
Inició su carrera con el Botafogo, pero su calidad le permitió dar el salto al Corinthians en 1978. Ahí jugó durante seis años y se convirtió en uno de los mejores futbolistas de todo el mundo.
Es considerado uno de los jugadores más inteligentes que ha pisado un terreno, no solo por sus títulos en medicina y filosofía, sino además por la forma en que manejaba el juego de su equipo.
Con elegancia y sapiencia para ponerle pausa al juego o para imprimirle velocidad en los momentos indicados, “el doctor” fue una pesadilla para sus rivales, quienes entre otras cosas debían buscar cómo detener los pases con el taco del número 8 brasileño.
Luego de su etapa en Corinthians, viajó a Italia para actuar un año con la Fiorentina, club por donde pasó sin pena ni gloria. Regresó a Brasil a jugar con el Flamengo y terminó su carrera con el Santos.
La dictadura brasileña lo motivó a alzar la voz en defensa de aquellos que eran silenciados por el régimen. Qué mejor forma de dar voz a los pobres que con el futbol, deporte que es una religión en Brasil.
En el Corinthians impulsó un movimiento para dar mayor participación a los jugadores en las decisiones del club, con resultados positivos. Siempre se hizo escuchar, aún en los momentos de mayor represión de la bota militar.
En 1983, durante la final del torneo paulista, Sócrates salió al campo con su inseparable vincha, la que utilizaba como símbolo de sus ideas, y una bandera con la leyenda: “Ganar o perder, pero siempre con democracia”.
Falleció como él quiso, un domingo, día en que Corinthians se coronó campeón, así como lo anunció públicamente en 1983. Se utilizó información de las agencias de noticias