
A Usain Bolt todavía le alcanza para terminar una carrera de 100 metros planos tocándose el pecho en señal de victoria, como sucedió el domingo, cuando ganó su tercera medalla de oro en esa distancia.
Sin embargo, en ocho años, el jamaiquino ha visto cómo sus rivales se le acercan más en la línea de meta, aunque esto no signifique que ellos mejoren sus tiempos en cada olimpiada.
Por ejemplo, en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, Bolt ganó e impuso récord mundial con 9,69 segundos, sacando una diferencia de 20 centésimas sobre el trinitense Richard Thompson, mientras que el estadounidense Walter Dix obtuvo bronce (9,91).

Cuatro años después, El Rayo mejoró con un crono de 9,63 en Londres, pero lo mismo hicieron sus rivales. La diferencia entre Bolt y los demás disminuyó; pasó de 20 a 12 centésimas.
La plata quedó en manos de Yohan Blake (9,75) y el bronce fue para Justin Gatlin (9,79).
En Inglaterra, el caribeño no celebró en media carrera, aunque bien pudo hacerlo. En cambio, trató de asegurar su primer lugar lanzando la cabeza hacia delante, aunque el triunfo ya lo tenía garantizado.
El resultado en los tres Juegos Olímpicos ha sido el mismo: medalla de oro y rendición del público para el hombre más rápido del mundo.
El objetivo final se le ha cumplido, aunque en Río, el segundo puesto, Justin Gatlin, solo estuvo a ocho centésimas (9,89). Bolt hizo su “peor” tiempo (9,81) de los tres Juegos Olímpicos, algo que no le impidió imponerse nuevamente.
Las causas pueden ser varias, pero una de ellas tiene que ver con el poco descanso que tuvieron los atletas entre la semifinal y la final; al menos, eso opinó Bolt tras ganar.

En el pasado, los competidores han tenido más de dos horas de pausa entre una prueba y otra, pero el domingo fue de poco más de media hora.
“No sé quién decidió eso. Fue algo verdaderamente estúpido. Por eso, la carrera fue lenta. No hay forma en que puedas correr y volver a hacerlo tan pronto con buenos tiempos”, dijo Bolt sin ocultar su descontento.
