El 2-2 final cobija a ambos rivales con algo de satisfacción. Los tulipanes evitan una derrota que se pronosticaba inminente, mientras el Inter de Milán obtiene un punto de forastero, premio mínimo pero aceptable.
Bryan Ruiz se mostró más durante la primera mitad. Luego los
El Twente empezó lento, quizás con precaución excesiva por el linaje de su oponente. Fue necesario un gol en contra para darse cuenta de que ya el partido había comenzado, y que si no entraba pronto en calor el asunto podía terminar en catástrofe.
Los holandeses reaccionaron con un estilo muy europeo, vertical, sin intermediarios, una veloz correa de transmisión que dejaba a alguno de sus atacantes con pelota dominada frente al portón del área grande.
Pero los de casa pudieron lucrar principalmente con la pierna izquierda de Theo Janssen. Este volante tiene instalada una bazuca con mira teledirigida, y cuando hay bola muerta es capaz de provocarles un ataque de pánico a sus adversarios.
Con inspiración y talento el Twente se puso arriba. Fue un momento alucinante: tenían hincado al monarca de Europa, y no por casualidades, sino por goles fabricados con acierto. El problema es que todavía quedaba mucho reloj. Y caer parcialmente 2-1 no es ninguna tumba para un equipo con la espuela del Inter.
Este cuadro italiano ataca con lo justo y obtiene rentabilidad enorme. No desperdicia ni un pase, no le sobra una gambeta, jamás tira a marco a ver qué sale. Quizás no sea el estilo más vistoso, pero sabe cómo salir de aprietos, cómo desatar los nudos ante un rival que se está jugando el partido de la vida.
Lograron igualar con una jugada mecánica: pasar la pelota, pivotear y rematar a la esquina, un ejercicio rutinario, sin prisas. Ni siquiera daba impresión de que el Inter estuviera atacando. Simplemente subieron e hicieron su gol.
Para el complemento se acabó la metralla. El equipo visitante plantó enredaderas en la defensa y el Twente perdió claridad. Hubo menos llegadas, aunque los holandeses se pavonearon jugándole de tú a tú a un rival encopetado que por poco sale de ahí con la corona europea llena de lamparones.
No es el triunfo histórico que buscaba, pero el Twente puede comprobar con alivio que ya pasó lo peor. Ahora tiene que buscar el boleto ante rivales más terrenales.