
Moscú, Rusia. Decidí dejar San Petersburgo para continuar con la experiencia profesional de cubrir un Mundial en Moscú, la capital de Rusia. Acá todo es una aventura nueva y ahora tocó vivir lo que es trasladarse en un tren FIFA.
Este transporte es habilitado por la organización del Mundial para que los aficionados y periodistas puedan moverse por todo el territorio ruso, sin costo alguno. Lo único necesario para utilizarlo son los documentos oficiales.
En el caso de los aficionados se debe entregar la entrada del duelo que disfrutará en la ciudad a la que va, además del FAN ID (documento que lo acredita como aficionado). En tanto, si usted es comunicador tiene que andar su acreditación y pasaporte.
El tren tiene 15 vagones, todos de dos pisos. En cada uno se encuentran diez habitaciones, de dos metros por tres, cinco en la parte superior y cinco en la inferior. Cada habitación tiene cuatro camas, estilo camarote, una mesa para comer y dos conexiones de energía.
El personal del tren provee a sus pasajeros de almohadas y cobijas, ya que los trayectos tan largos normalmente se hacen durante la noche. La privacidad de cada cuarto se respeta al 100 por ciento.
Al inicio del trayecto se ofrecen todos los servicios que se brindan a lo interno: cafetería, bar, venta de recuerdos. También se indica donde están los baños y se reafirma que no hay paradas, el tren es directo hasta Moscú.
Daba la sensación de que no se viaja tan rápido; de hecho, en varias ocasiones casi que se detiene, sin dejar de avanzar
El ambiente interno fue tranquilo, más allá de los seguidores que andaban en plan de fiesta buscando ambiente nocturno.
A eso de la medianoche, dos argentinos pasaron por el pasillo al lado de mi habitación y en medio de una video llamada decían: ’ché, mirá... Acá vamos, queremos llegar al bar, pero está en el vagón 10 y nosotros apenas vamos por el tres”.
De vecinos me tocó una familia colombiana, que se trasladaba de San Petersburgo a Moscú para el encuentro que en horas de la noche tendría su selección ante Inglaterra.
Durante una media hora se escuchó un vallenato, el más comercial, el más conocido: Carlos Vives.
A eso de la 1 a. m. decidí ir a comprar una botella de agua, por lo que salí de la habitación y ya todos dormían. No obstante, un aficionado colombiano llevaba batallando una hora para conseguir una cobija.
Al final, con la ayuda del Google Translate nos comunicamos con la encargada de vagón y por fin apareció la sábana para cubrirse del frío.
La oscuridad en el transporte tarda si acaso dos horas, porque ya a las 2 a. m. comienza el amanecer.
El tren se mueve bastante, por lo que no es sencillo dormirse; además, cuesta acostumbrarse al sonido de las vías.
Cuando por fin había conciliado el sueño, nos despertó alguien tocando la puerta: dos golpes de parte de la funcionaria rusia levanta a los pasajeros y avisa que estamos a media hora del destino final.
Luego de once horas de viaje, Moscú recibe a los visitantes. Miles de taxis intentan cazar su viaje del día y los turistas regatean con tal de buscar el mejor precio.
El viaje en tren de once horas finalizó, una nueva experiencia que solo se da en un Mundial.
