Manchester, Inglaterra (AFP). El portugués Cristiano Ronaldo, jugador más caro de la historia con su traspaso del Manchester United al Real Madrid, es un futbolista excepcional que no disfruta del cariño popular dispensado a otros grandes de su tiempo como Lionel Messi o Kaká.
Ni siquiera los hinchas del Manchester le cantan con tanto fervor como a Wayne Rooney, el precio que tuvo que pagar por la pretemporada 2008, cuando declaró su intención de irse algún día al Real Madrid.
Desde entonces, sus declaraciones de fidelidad a la "familia" de Alex Ferguson y a Old Trafford, su "casa", sonaban demasiado falsas, más aún al ver que esta temporada el portugués no siempre parecía muy contento en el terreno de juego.
Sus críticos recuerdan que en sus seis temporadas en Inglaterra, el Balón de Oro 2008 (algo que ningún Red Devil lograba desde el legendario George Best) falló en las grandes ocasiones, como en la final de la Liga de Campeones de mayo contra el Barcelona, cuando perdió en la comparación con el otro "mejor jugador del mundo", Leo Messi.
El delantero de Madeira, que pasó su infancia en la pobreza, no suscita unanimidad como el hijo de buena familia Kaká o el siempre correcto Messi, sino que paga su egocentrismo y una arrogancia que asume.
Como cuando le espetó a un jugador del Newcastle "You're a rubbish footballer" ("Eres un futbolista de mierda") y su víctima no se quedó atrás al replicarle "I know but you're still ugly" ("Lo sé pero tú eres horrible").
A Steve Taylor no le faltaba razón: es innegable que el príncipe de las revistas está encantado de haberse conocido y enamorado de su torso impecablemente depilado y que exhibe a menudo, de su talento, del que habla sin falsa modestia, y en definitiva de sí mismo, de quien habla en tercera persona.
Cristiano Ronaldo, tan goleador como pasador, sabe que tiene un don especial, una técnica fantástica que Ferguson supo domesticar, una asombrosa rapidez y un arrojo innegable. Es el jugador contra el que más faltas se cometen, tanto en Inglaterra como en la Liga de Campeones.
Ferguson sabía que tenía una joya desde el partido amistoso contra el Sporting de Lisboa disputado en 2003, en el que vio cómo un adolescente genial se divertía a costa de sus defensas: "Mis jugadores vinieron a verme en el avión para pedirme que nos lo lleváramos".
Se lo birlaron entonces al Real Madrid por 17 millones de euros. Seis años después, los españoles han necesitado 76 más para ficharlo. Pero, según Ferguson, la 'Casa Blanca' hizo un buen negocio: "Los jugadores empiezan a madurar a los 26 años".