12 agosto, 2011
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Corría julio del 2010 cuando se empezó a vincular el nombre del entrenador argentino Ricardo La Volpe con la Selección de Costa Rica .

En ese momento el técnico interino Ronald González armaba un equipo de jóvenes para medirse ante naciones europeas durante una gira previa al Mundial 2010 .

El problema es que los fogueos eran para los rivales, pues la Tricolor vería la Copa por televisión.

Las crisis implican acciones fuertes, por eso se empezó a buscar un técnico con credenciales y respeto global. Un golpe mediático. La Volpe era el principal candidato.

Se discutía su precio, se discutían sus logros, sin embargo, no se discutía su perfil.

Unos lo dudaban, otros lo querían. El presidente de la Federación Costarricense de Futbol (Fedefutbol), Eduardo Li, era de los segundos y por eso el argentino fue elegido para uno de los puestos más importantes en el organigrama del país, según dicta la cultura tica.

Nunca antes había llegado un seleccionador con tanta pomposidad al banquillo costarricense.

Noviembre vio el arribo del “ salvador” de la camiseta Tricolor.

Los primeros entrenamientos, cargados de una religiosa disciplina táctica, fueron alabados por prensa, público y jugadores.

Su agresivo trato con los medios de comunicación locales fue alabado por público y jugadores.

Su limitada relación con el futbolista fue alabada por el público.

A todo eso le agregó promesas que emocionaron a todos, más allá de las descargas que algunos sufrían dentro y fuera de la cancha. Títulos, buen juego, proceso. Palabras seductoras al oído de los amantes de la pelota.

Poco a poco. Un amistoso ante Jamaica dejó poco que evaluar. Tenía poco, muy poco tiempo en el cargo, así que no hubo juicio.

El subcampeonato en la Copa Centroamericana y un asomo de mejoría en el volumen de juego alimentó la esperanza. Se le perdonó perder contra el archirrival dentro la región, Honduras.

Más fogueos. Más pruebas. El saldo: una tendencia creciente de “ascensor”. A veces el nivel subía, a veces bajaba con rapidez. Nunca se demostraba constancia.

Así se llegó al torneo de la Copa de Oro, que se convirtió en un claro ejemplo de lo anterior.

El rendimiento y ni hablar de los resultados, generaron nuevas dudas por el tiempo transcurrido y las facilidades otorgadas. Fue el primer gran golpe que sacudió la reputación del estratega.

Al entrar en el ojo del huracán se empezaron a desnudar, y cuestionar, otros detalles.

Entre ellos, su falta de arraigo con el país, sus intervenciones en prensa internacional, sus excusas, críticas y apologías personales.

Se olía la ruptura, pero le quedaba una parada más: la Copa América. El importante certamen podía ser la cura o podía ser el veneno.

Terminó siendo un poco de las dos, ya que se demostró que la Sele podía tener un buen despliegue, pero que este no ocurriría bajo las órdenes de La Volpe.

Lo del miércoles contra Ecuador fue solo una formalidad.

Fue el adiós de dos amantes desgastados, que lo intentaron pero que nunca se entendieron.