Auguste Tain era un joven soldado, con poca experiencia en combate, pero el 10 de noviembre de 1920 le asignaron la misión de su vida. La Primera Guerra Mundial había concluido en 1918 y Francia venía madurando, desde entonces, la iniciativa de levantar un monumento al Soldado Desconocido.
La idea era escoger de entre los millares de caídos en acción, el cuerpo de un combatiente anónimo y convertir su tumba en el "altar de la Patria", para honrar la memoria colectiva de los que ofrendaron su vida.
La ceremonia de escogencia del cuerpo que representaría a todos los soldados, se llevó a cabo en Verdún -noreste de Francia-, escenario de cruentos y prolongados enfrentamientos en la guerra contra el imperio alemán.
Allí se levantó una capilla ardiente con ocho cadáveres, exhumados al azar por un grupo de oficiales en los diversos campos de batalla, y mantenidos en riguroso secreto.
El Ministro de los Excombatientes, Andre Maginot -mutilidado de guerra-, representantes del Gobierno, el Obispo de Verdún y un grupo de viudas, encararon al asustado Auguste Tain, aquella tarde del 10 de noviembre de 1920.
El muchacho había sido escogido por el cuerpo de oficiales para seleccionar, de entre aquellos ocho cadáveres, al compañero de armas que descansaría en la tumba del Soldado Desconocido, bajo el impresionante Arco del Triunfo en París.
¿Cómo hacerlo? Maginot le entregó un ramo de flores rojas y blancas recogidas en los alrededores y le habló al oído. Tain debía depositar la ofrenda sobre el ataúd de su elección. Tembloroso, el joven se paseó dos veces en medio de los féretros.
Al final, se detuvo junto al tercero, de izquierda a derecha, y colocó el ramo. Era la señal esperada. Una banda irrumpió con los sones de la Marsellesa. El ataúd fue sacado y depositado en una carreta, envuelto en la bandera de Francia.
Se le trasladó a París y recibió los honores en una emotiva ceremonia realizada en el Panteón, el lugar donde están enterrados los grandes personajes de la República francesa.
Después, fue llevado hasta el Arco del Triunfo, donde se le colocaron la Legión de Honor, la Medalla Militar y la Cruz de Guerra. El féretro fue custodiado por excombatientes hasta que finalizó la construcción de su tumba, en el centro del monumento.
El 28 de enero de 1921 fue inhumado durante una sencilla ceremonia, a la que solo asistieron los mariscales de Francia. Y el 11 de noviembre de 1922 se encendió por primera vez la "llama eterna", que desde esa fecha es apagada y reencendida cada tarde por un grupo de excombatientes.
En plena efervescencia mundialista, ocurrió un hecho insólito. Un aficionado latinoamericano apagó la llama -se cree que con orines-. El incidente forzó a la Embajada de ese país acreditada en París a pedir disculpas y a reparar el agravio. Sin palabras... (Fuentes consultadas: Agencia AFP y Le Monde).