"Claudia nos cayó del cielo." La frase, del periodista e historiador Rodrigo Calvo, resume el sentimiento que despierta entre nuestro pueblo Claudia Poll, la mejor, la más grande atleta del siglo que está por finalizar.
La exitosa nadadora fue designada por el diario La Nación como la mejor deportista de esta centuria. Además de Poll, otros 24 atletas de diversas disciplinas recibieron anoche el reconocimiento como las principales figuras deportivas del siglo XX, de acuerdo con el criterio de la sección de deportes de este medio.
La actividad se realizó a partir de las 7:15 p. m. en el Auditorio Manuel Jiménez Borbón, ubicado en las instalaciones de La Nación , en Llorente de Tibás.
En la mesa principal se ubicaron Eduardo Ulibarri, director de este diario, Patricia Carreras,Viceministra de Cultura, Juventud y Deportes, Delia Villalobos, Directora del ICODER, y Eliseo Quesada, Editor a. i. de la sección deportiva del matutino.
También asistieron personalidades del deporte nacional, como Osvaldo Pandolfo, exjugador y presidente de la Federación Costarricense de Baloncesto, Clemencia Conejo, miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Costarricense de Futbol, y Bernardo Méndez, presidente del Deportivo Saprissa, quien recibió el homenaje correspondiente a Ricardo Saprissa Aymá.
La mejor
Con su inmortal oro olímpico, sus tres marcas mundiales (dos de ellas aún vigentes), su primer lugar en un Campeonato Mundial, entre muchos otros laureles, Claudia sacó boleto seguro para ocupar un sitio en el podio de los vencedores.
"Hay mucha gente a la que quiero agradecer, sobre todo a mi entrenador, Francisco Rivas, y a mi familia, por el apoyo que me brindaron siempre." Palabras de emoción, palabras de campeona.
María del Milagro París (natación), Hernán Medford (futbol) y Eddy Bermúdez (baloncesto), quienes no pudieron asistir por encontrarse fuera del país, enviaron mensajes pregrabados para agradecer la designación.
"Salí de Costa Rica hace 40 años y todavía recuerdo con cariño esa tierra", contó, invadido de nostalgia, Bermúdez, quien reside desde hace cuatro décadas en Chile.
Fue una noche de grandes. Para homenajear a deportistas que derrotaron marcas y también derrotaron al tiempo. Como Jesús Tuzo Portuguez, quien todavía sabe levantar con garbo su puño de campeón. O Adolfo Chin, dictador incontestable del tenis de mesa. O Mario Catato Cordero, caballero de fina estampa dentro y fuera de la cancha.
Todos acudieron ataviados con gala y pompa. No era para menos. Es una vez cada cien años. Y uno de los premiados, el exjugador de baloncesto José Miller, quiso retar al próximo siglo recibiendo el homenaje con su hijo Jason, de ocho años. "Será un campeón", vaticinó luego. Lo dijo muy seguro.
Francisco Rivas, entrenador de natación y escultor de campeonas, obtuvo un reconocimiento cuádruple: el suyo propio y el de María del Milagro París, Claudia y Sylvia Poll. Nadie tan satisfecho como él. Su sonrisa lo delató.
Es la memoria de una época. El vestigio histórico que no se olvida, que trasciende.
El ocaso del siglo. La oportunidad precisa para homenajear a los más grandes. Y entre ellos, a la más grande de todos. La que nos regaló una sonrisa mundial. La que nos terminó de colocar en el mapa olímpico.
La que nos cayó del cielo.