Río de Janeiro (Brasil). Seis años después de la trágica muerte del tricampeón de Fórmula Uno, Ayrton Senna, Brasil despertó ayer con un nuevo "rey" deportivo, el tenista Gustavo Guga Kuerten.
Guga, de 24 años, es el primero en sentarse en el trono destinado a los "héroes" que logran conquistar en forma unánime a toda la torcida , algo que raramente consiguen los futbolistas, casi siempre identificados con uno u otro club.
Para entender el sentimiento que une el aficionado brasileño a Guga Kuerten hay que tener en cuenta no solo los triunfos del joven tenista, el mejor del mundo en el 2000, sino también una mezcla de orgullo patriótico y simpatía personal.
Es que, dicen los torcedores , Kuerten no es solo un gran campeón. Es un ejemplo de buen muchacho: simpático, sencillo y amante de su familia.
Guga era un niño cuando murió su padre y el papel paterno en su vida lo ejerce Larri Passos, su técnico desde los 13 años.
Guilherme Kuerten, hermano del tenista, es deficiente mental.
Quizás la mayor demostración de su apego familiar la haya dado el pasado domingo, cuando, con el mundo del tenis a sus pies tras derrotar 3-0 a Andre Agassi en la final del torneo Masters, en Lisboa, Kuerten interrumpió su discurso y se subió a la platea para besar a su madre.
Con actitudes como esa, Guga conquistó a sus compatriotas y, de un raquetazo, reemplazó, al menos por unos días, al futbol por el tenis en la privilegiada condición de deporte nacional.
El éxito mundial de Kuerten también tiene su carácter panamericano: el brasileño es el primer latinoamericano en proclamarse el mejor tenista del mundo.
El héroe, hoy omnipresente en la prensa y en la vida de Brasil, empezó a gestarse en el ya lejano 1997, cuando un entonces desconocido garoto alto y delgado de 20 años con cabellos largos, aire de rockero y surfista, conquistó sorprendentemente el torneo francés de Roland Garros, uno de los cuatro de Gran Slam.
Desde entonces, la imagen de Kuerten pasó por varias mutaciones, pero el propio tenista reafirma una y otra vez su inalterada pasión por las olas del mar, la música y su "patria chica", la sureña y orgullosa ciudad de Florianópolis.
En esa localidad, de unos 300.000 habitantes, el número de niños que frecuentan escuelas de tenis duplicó desde la victoria de su hijo más famoso en Roland Garros en 1997.
Cuando repitió el logro en tierras francesas, este año, Guga ya pisaba fuerte la carretera que le llevó a transformarse en el gran ídolo del país.
"El pueblo tiene un cariño muy especial por mí", reconoció Kuerten en una entrevista con el diario Lance , mientras, a lo largo y a lo ancho de Brasil, los garotos siguen transformando canchas de futbol en improvisadas pistas de tenis.