
El 25 de diciembre de 1950, el arquero Carlos Alvarado Villalobos completó una inolvidable hazaña ante el poderoso Boca Juniors de Argentina, que provocó el delirio del Presidente de la República.
Otilio Ulate (1949-1953), gran aficionado al futbol, se emocionó tanto con los paradones del Aguilucho , que no perdió la ocasión para regalarle al héroe su apreciable reloj de pulsera, de oro puro.
El histórico duelo de Alajuelense finalizó 1-1 (goles del visitante Benítez al 5, y Miguel Ángel Chumpi Zeledón al 30’), ante un llenazo en el Estadio Nacional.
La gran acción de Carlos fue al minuto 89, cuando le paró un penal al argentino Marcos Busico.
“Al terminar el juego, el presidente de Boca dijo que yo debía recibir el trofeo, pero le contesté que no. La cortesía señalaba que el visitante debía dejarse un recuerdo de Costa Rica y del presidente Ulate”, recordó a sus 83 años.
“Don Otilio indicó que no me preocupara y me dio su reloj. Un hecho histórico, algo nada premeditado que no se volvió a repetir”.
“Días después fui a la Casa Presidencial y se lo devolví, porque dijo que no me lo podía regalar, al tener un ligamen sentimental (se lo había obsequiado su mamá). Así que me dio otro, un buen reloj, que aún conservo, pues fue algo inolvidable”, revivió Alvarado.