Madrid . Fiel a su reconocida fama de rebelde, el chileno Marcelo Ríos prometió volver al primer puesto de la clasificación mundial tras ganar en Hong Kong el decimoctavo título de su carrera, y el primero desde el nacimiento de su primer hijo en junio.
A pesar de que llegó a esta ciudad con solo tres torneos disputados desde Roland Garros, Ríos completó en Hong Kong una semana espléndida, sin ceder un set en cinco partidos, algo que incluso le sorprendió a él mismo, si se tiene en cuenta que lleva luchando casi dos años contra las lesiones y contra los numerosos incidentes que se han producido en su carrera.
Cuando en 1998 Ríos disputó la final del Abierto de Australia al checo Petr Korda, ganó siete torneos, entre ellos el de Cayo Vizcaíno donde vapuleó a Andre Agassi en la final, y se convirtió en el primer suramericano en ocupar el puesto de número uno del mundo en la lista ATP (lo hizo durante seis semanas), el jugador de Santiago no imaginaba que las lesiones y las circunstancias se cebarían en él.
El 10 de noviembre sufrió una operación de abductores y no pudo volver al circuito hasta febrero, pero luego se tuvo que retirar en la primera ronda de Roland Garros por una dolencia similar. Continuó renqueante hasta el 24 de octubre, y entonces, hastiado, dio por finalizada su temporada.
Justo dos semanas después de contraer matrimonio con la costarricense Giuliana Sotela, de 17 años, (26 de diciembre de 2000) y de prometerla como regalo de boda un cambio de actitud y que volvería a ser número uno del mundo, el elegido mejor deportista chileno del siglo XX ganó el torneo de Doha a principios de este año, y se sintió con fuerzas para asegurar que su vuelta era un hecho.
Para empezar tenía que olvidarse de su endiablado carácter que le ha hecho acumular tres veces el "Premio Limón", al más antipático por parte de la prensa, o a su genio desmedido que le llevó a ser descalificado del torneo de Los Angeles por insultar a un juez de silla.
También de las demandas judiciales que Manuel Astorga, su preparador físico de siempre, le presentó tras ser atropellado accidentalmente por "el chino", y por despido injustificado, después de diez años de relación laboral.
Poco después surgieron los incidentes que protagonizó durante los JJ.OO. de Sydney cuando tras ser designado abanderado de su país renunció a ello al no conseguir que su madre y hermana participaran en la ceremonia inaugural.
Sin continuidad en cuanto a los entrenadores que han pasado por su carrera (los estadounidenses Erwin Danemberg, David Ayme y Larry Stefanski, el sueco Peter Lundgren, el argentino Luis Lobo y el brasileño Ricardo Acioly, entre otros), la estabilidad de Ríos se deshacía por momentos.
Fue durante el torneo de Roma este año tras ser derrotado por Juan Carlos Ferrero, cuando el jugador de Santiago se vio envuelto en un incidente, y en estado de embriaguez golpeó a dos policías y a un taxista a la salida de la fiesta de jugadores
"Parecía Mike Tyson", relató entonces Mario D'Amario, el taxista italiano que sufrió la ira de Ríos en el altercado que se saldó con una multa de 10.000 dólares por parte de la ATP.
El lado oscuro de Ríos volvía a aparecer, como en la pelea que protagonizó en 1996 en un local nocturno de Viña del Mar. Pero siempre le acompañó su carácter infantil, como sus lágrimas en una comparecencia ante la prensa cuando su entonces novia rompió con él al enterarse de la publicación de unas fotos que mostraban a Ríos bailando muy alegre en una discoteca de París, y él pidió sollozando que le perdonara y que si aceptaba se casaría con ella ese mismo día.
Tras ser padre el pasado 26 de junio y mantener en sus brazos a su primer vástago, una niña bautizada como Constanza, Ríos prometió ser más reflexivo, madurar y reiteró la promesa hecha a Giuliana. De momento, cerca de cumplir 26 años, está muy lejos del número uno pero sus palabras suenan más convincentes. "Intento conseguir el mayor número de puntos para el próximo año y creo que tengo un hueco entre los mejores todavía", señaló.