Durante los cinco tramos especiales del día, alrededor de Kemer, Rovanpera optó por la regularidad, mientras varios de sus rivales corrieron con muy mala suerte.
El piloto nórdico fue el más rápido de todos en tres tramos cronometrados, superando al español Carlos Sáinz (Citron Xsara WRC) y al belga Franois Duval (Ford Focus WRC).
Ayer los pilotos descubrieron lo desgastante de este rally sobre tierra, que fue incluido este año en el Campeonato del mundo. A cinco kilómetros de la llegada del tramo ES3, el también finés Marcus Gronholm (Peugeot 206 WRC), bicampeón del mundo, se quedó sin dirección asistida.
El nuevo sistema instalado por los servicios de auxilio se rompió al largar el ES5 y Gronholm finalizó en el puesto decimonoveno, a casi 11 minutos de su compañero de equipo y compatriota, Rovanpera.
Pero todavía peor fue la fortuna del francés Sébastien Loeb (Citron Xsara WRC), actual líder de la clasificación de pilotos. Su navegante, Daniel Elena, se despistó en el tramo de enlace entre el ES3 y el ES4, y, al percatarse de su error dieron media vuelta, pero a cinco kilómetros del punto de reabastecimiento se quedaron sin combustible.
Algo inédito en la máxima prueba mundial de la especialidad.
Quizás hubo un defecto en “la transmisión de información del equipo”, como afirmó Guy Fréquelin, director de Citron Sports, pues “es anormal no poder recorrer 30 km más de lo previsto”.
Los autos de rally consumen entre 60 y 75 litros de combustible cada 100 km, por lo que faltaron tres o cuatro para el lugar de abastecimiento.