
La revolución en el mundo del futbol llegó hasta el continente africano. Los tradicionales pesos pesados de la región como Camerún, Marruecos, Nigeria, Sudáfrica y Senegal -la revelación en la Copa 2002- quedaron fuera de la máxima fiesta mundialista en Alemania 2006.
Y en su lugar modestos equipos como Angola, Togo, Ghana y Costa de Marfil, dotados también de jugadores de una gran potencia física y condiciones atléticas envidiables, harán su debut en la máxima competición de cada cuatro años.
Pero, sin discusión, uno de los mayores impactos y grandes sorpresas en la reciente historia futbolística de África la propinaron las angoleñas Palancas Negras -antílopes negros en vías de extinción-, que eliminó a la poderosa Nigeria con el mínimo margen en el grupo 4 de la eliminatoria continental.
Esto fue un logro fabuloso para una nación de escasas tres décadas de vida, inmersa hasta hace unos años en una cruenta guerra civil y que aún lucha con su escuálida estructura. Su deporte goza de un reciente y generoso apoyo gubernamental, respaldado por las crecientes riquezas petroleras del país.
El hecho de que aparezca ubicada en el escalafón mensual de la FIFA en el puesto 61, la posición más baja entre los 32 clasificados al Mundial 2006, alimenta la realidad de una selección con pocas opciones de cara a la cita en Alemania.
Angola fue una colonia portuguesa hasta su independencia en 1975. Su liga de futbol existe desde 1979, mientras que su federación es miembro de la FIFA desde 1980 y la selección disputó su primera eliminatoria africana para México 1986.
Luego de que solo había alcanzado en tres ocasiones la segunda ronda preliminar en la zona de África, a la sexta eliminatoria fue la vencida y por fin logró clasificarse para la fase final de un Mundial.
Influencia. Carente de una significativa tradición balompédica, el equipo africano está influenciado notablemente por el futbol portugués, que claramente derivó en el inesperado ascenso angoleño.
En 1996, el entonces entrenador de las Palancas Negras , Carlos Alhinho, tuvo una idea magnífica. Tras avanzar a la fase final de la Copa Africana de Naciones, Alhinho viajó a Lisboa para buscar profesionales con orígenes angoleños.
Al tener en cuenta que en Portugal hay más de cuatro millones de refugiados, la acción de ninguna manera carecía de sentido y muy pronto se vio coronada de éxito.
Después de algunos encuentros de prueba en la capital lusitana, Alhinho se presentó con una escuadra casi completamente nueva a la cita continental en Sudáfrica.
El nuevo equipo estaba aún en un estado preliminar si se le compara con el conjunto que disputó la clasificación a Alemania 2006. Aunque algunos de los nuevos seleccionados nunca habían vuelto a poner un pie en Angola, aprovecharon la oportunidad de figurar en la escena internacional del futbol.
Se había encontrado así, gracias a Alhinho, la piedra angular de lo que hoy se conoce como el "milagro" angoleño. Hasta hoy se sigue empleando la misma fórmula del antiguo técnico, para buscar a los jugadores del equipo angoleño.
Pero el rastreo de profesionales no solo se hace en la Liga local y Portugal, sino también con otros contratados en Francia, Qatar, Egipto, Kuwait, Turquía y Emiratos Árabes Unidos. La idea es dar alguna sorpresa en el Mundial.