Su acento cadencioso, la serenidad que proyectan sus ojos café claro y el tono quedo de su conversación lo ubican al otro extremo de la imagen que se ha repetido a lo largo de este campeonato: la del guerrero en la apoteosis absoluta del gol.
"Es cierto. Me transformo. El gol es mi descarga", reflexiona ante la observación.
Este último año, el destino parece haber acomodado varias jugadas de pared que convergen en lo que él asegura es una de las mejores épocas de su vida.
Con 9 anotaciones (un promedio de una por juego), este uruguayo de ascendencia italiana se ha puesto al frente de la tabla de goleadores del Campeonato Nacional, en el que estrenó camiseta con Cartaginés después de dos temporadas en Liga Deportiva Alajuelense.
Se sabe figura en este momento, se le nota contento, se muestra orgulloso pero, ante todo, transpira humildad. "Importa el equipo, lo demás es circunstancial", ha dicho.
No solo cambió de equipo de futbol, sino que hace año y medio pasó a formar parte, de por vida, de la alineación de padres de familia. "Mi hija Valentina es el amor de mi vida, me ha cambiado todo, ahora valoro las cosas pequeñas, para mí verla a ella sonriendo es algo que no se compara".
La pequeña, de año y medio, es producto del noviazgo de Ciccia con la uruguaya Fabiana Gómez. La beba nació en Uruguay, pero ahora ambas están viviendo junto a Claudio, lo que constituye, a no dudarlo, una motivación especial en cada domingo de futbol.
Como es sabido, no es fácil sacarlo de su ecuanimidad. Pero cuando habla de la sensación que le provoca anidar el balón en la red parece transportarse a esos momentos de gloria y destila pasión.
¿Podés decirme lo que se siente al anotar un gol? Algún jugador comparó la sensación con los segundos de un orgasmo...
Pues sí. Yo exploto, solo sé que exploto. Luego veo las celebraciones por televisión y me digo... ¡pero qué locura que tengo! Es algo muy difícil de describir con palabras, es una descarga...
¿Cuál es el sonido de un gol? ¿Escuchás a la afición en el momento?
Es una buena pregunta que no me habían hecho y nunca lo había pensado. Pero, es cierto... uno no escucha nada. Es como un shock . Recuerdo especialmente un gol de empate que hice con la Liga, jugando en el Morera contra el Necaxa a estadio lleno. Era un bullón increíble y de verdad que en esos segundos uno no escucha nada, son segundos en cámara lenta...
Sueños y nostalgia
Claudio no solo es un optimista de la vida, sino que se considera un afortunado. "¿Vos sabés cuánta gente logra cumplir sus sueños? Y yo recuerdo ahora con mucha nostalgia cómo desde que tenía unos cinco años me preguntaban qué iba a ser de grande y siempre dije que futbolista. Ahora estoy viviendo lo que siempre quise vivir; disfruto, divierto a la afición que para mí es tan importante y me pagan por eso. Tengo mucho qué agradecer".
La afición de la que tanto habla ha entablado una empática relación con él. Y él, que es extranjero, se conmueve y lo agradece.
Allá en Uruguay quedaron sus padres y sus cuatro hermanos (de cinco todos son hombres; él está en medio). También sus amigos ("los muchachos de mi barrio"), quienes ahora le siguen la pista por Internet y están muy orgullosos de que se haya convertido en una figura del futbol nacional.
Extraña sus afectos y algunas costumbres. Pero adoptó otras que al llegar, en el 98, le parecían irrealizables. "No podía entender cómo comían gallo pinto con huevo y todo eso al desayuno. ¡Me parecía pesadísimo! Ahora me he acostumbrado a comer pinto en la mañana, pero solo un poco".
Hoy, contra Santa Bárbara, el matador estará listo a sacar de sus entrañas, una vez más, su incontenible grito de guerra. Lo logre o no, Claudio Ciccia estará tranquilo. A sus 30 años tiene suficiente tiempo por delante.
Además, su hijita Valentina lo esperará para comérselo a besos.
Definitivamente, Ciccia está viviendo un gran momento.