Moravia lo vio nacer en 1924 y hoy, a las 11 a. m., se le despedirá con todos los honores en una ceremonia religiosa en la iglesia y cementerio del cantón josefino, para alguien que se entregó por entero al deporte nacional y era muy querido y respetado allí.
Luis Ángel Pipilo Umaña vivió intensamente el futbol, la disciplina de sus amores, y escribió su historia como jugador y directivo, con una imagen tesonera de honestidad y constancia.
En reconocimiento a su trabajo desinteresado en beneficio del deporte moraviano, como deportista, dirigente y benefactor, la comunidad y algunos regidores munícipes decidieron inmortalizarlo, para que el principal estadio del cantón lleve su nombre desde 1982.
La muerte lo sorprendió el pasado martes, a las 11:30 p. m., en la ciudad mexicana de Salamanca, Guanajuato, víctima de un paro cardíaco, mientras realizaba un viaje de placer para visitar a sus hermanos Carlos y Flora María, en México, y a Zully en El Paso, Texas.
El próximo 10 de junio cumpliría 76 años. En los últimos días, luego de que sus restos fueron incinerados, recibió todo tipo de homenajes de familiares, amigos y exdeportistas.
Alfredo Chato Piedra, el director técnico que llevó a los Chaparritos de Oro a la hazaña panamericana de 1956, describió a Pipilo como un jugador fuerte y de mucho coraje en la cancha.
"Fue un jugador polifuncional, aunque destacó mucho en la media, cuando se jugaba con uno derecho, otro en el centro y el último en la izquierda. No era muy técnico por la derecha, pero sí muy corajudo e incansable, gracias a su buena condición física", acotó Piedra.
Saprissa en el corazón
El viernes por la tarde, el Deportivo Saprissa le rindió un homenaje póstumo. Anoche lo continuó, al tributarle un minuto de silencio antes del duelo de los morados ante Pérez Zeledón.
"Saprissa es mi ilusión. Quiero muchísimo a este club y espero poder contribuir en algo mientras pueda, porque deseo acompañarlo siempre hasta el final", expresó en una entrevista con La Prensa Libre, en 1996.
"Ni mi mamá supo darme razón de por qué me llamaban Pipilo", añadió en la misma publicación.
En el año de su retiro futbolístico, en 1955, luego de nueve temporadas intensas con clubes y seleccionados, Pipilo se hizo socio del Saprissa y empezó a trabajar con la comisión del estadio morado hasta su inauguración en 1972.
"Se entregó con todo a la construcción del estadio en los años 60, desde que el club compró el terreno de juego y luego se preocupó muchísimo en darle un buen mantenimiento", recordó el expresidente morado, Enrique Weisleder.
"Nunca olvidaré que Pipilo discutió sin éxito con don Ricardo (Saprissa) para que la cancha se hiciera más abajo y no al nivel del terreno, con el fin de que las paredes sirvieran de gradería, como el Nou Camp del Barcelona", agregó.
Sin embargo, dos hechos entristecieron su existencia en sus últimos años de vida, según el periodista e historiador José Antonio Pastor, director de Tiempos del Mundo.
El primero se refería a que Umaña nunca llegó a saber por qué un sector de la directiva saprissista le impidió el ingreso a varias áreas del estadio, cuando este era su administrador.
Y el segundo, cuando un regidor de la Municipalidad de Moravia logró a mediados de la década pasada que al estadio se le quitara su nombre.
La ironía es que ahora que falleció, otro miembro del ayuntamiento pedirá que le sea restituido el de Pipilo Umaña.
Colaboró en esta información el periodista José Antonio Pastor.