En sus casas solo se habla de futbol.
Con los colores rojiamarillos o vestidos de rojinegro, dos jóvenes talentos se enfrentan hoy en la final de Alto Rendimiento, poniendo nuevamente en escena dos apellidos que tienen su campo reservado en la historia del balompié nacional: Obando y Ulate.
Marvin Obando Jr. de 19 años y Jorge Pablo Ulate de 18, son hijos de Marvin Obando y Jorge Gugui Ulate, dos figuras que ahora ven en sus jóvenes espejos la misma pasión y alegría por el futbol.
Desde la gradería, Obando sigue de cerca la evolución de su primogénito, mientras que el Gugui es el entrenador del alto rendimiento alajuelense.
Hoy, a partir de las 9 a. m. en el Morera Soto, serán protagonistas en el primer partido de la final.
Herencia florense
Marvin el pequeño jugará la final aunque toda la temporada se ha mantenido entrenando con el equipo de la Primera División, al que sueña llegar para terminar de pulir su estilo.
¿Cómo es la relación con su padre, un futbolista de tantos años de experiencia?
Nosotros conversamos mucho, tratamos de inculcarnos lo mejor. A veces me enojo cuando me corrige, pero tengo que respetar lo que me dice porque él ha recorrido mucho camino.
¿Escogió dedicarse al futbol por herencia o por vocación?
Es lógico que el venir a verlo entrenar y jugar me despertó un interés más grande, pero creo que esto es algo con lo que se nace.
Fuera de la gramilla, Marvin Obando, el experimentado futbolista de 21 temporadas, dibuja un futuro promisorio para su hijo.
¿Cómo ve el desarrollo de su hijo en la cancha?
Futbolísticamente lo veo bastante bien, está en un equipo considerado de los grandes y solo tiene que tener paciencia y saber aprovechar bien las oportunidades que se le presenten.
¿Cuáles son las virtudes de Marvin?
Como todos tiene virtudes y defectos, pero creo que ha mejorado mucho en la forma de centrar, tiene buen pique y cuenta con más habilidad que yo.
Corazón rojinegro
La voz que escucha desde el banquillo le es completamente familiar. Jorge Pablo Ulate es el "pupilo" del entrenador Gugui Ulate en las filas manudas del alto rendimiento.
¿Cómo maneja la relación con su padre, siendo el entrenador del equipo?
Es en cierta forma difícil, porque me conoce más y por eso se mete más con mi juego. Cuando llegamos a casa me continúa hablando de los errores, pero sé que es para ayudarme.
¿Lo comparan con el juego de su papá?
Hay personas que me ven y piden que juegue como mi papá, pero no puedo hacer las mismas cosas que él porque no soy delantero, juego como volante de llegada y somos diferentes.
El festejo del goleador quedó para el recuerdo y ahora Gugui maneja el libreto táctico de los jóvenes manudos y el de uno de ellos en especial.
¿Cómo es la relación con su hijo en la cancha?
No es fácil del todo, porque al tenerle más confianza que a los demás a veces uno se mete más con su juego. Pero uno es profesional y así manejamos la relación; si él no encaja en el juego lo saco del terreno como a cualquiera de los muchachos.
¿Cuáles son las virtudes de Jorge Pablo?
Es muy técnico, con buena visión de juego y pases cortos certeros. Creo que debe mejorar físicamente y tener un entrenamiento más riguroso.